7 motivi per fare la via crucis

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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7 motivos para rezar el Vía Crucis

Vía Crucis

Sobre todo durante el tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos anima a vivir una devoción antiquísima: el Vía Crucis. No hay nada bello en la cruz, nada exaltante en el camino del dolor. Cada día oímos hablar de tragedias que ocurren, a veces cerca y otras veces lejos de nosotros…
Entonces, ¿por qué rezar el Vía Crucis? ¿Por qué este tipo de oración? ¿Qué sentido tiene?

Estos son 7 motivos para rezar el Vía Crucis.

1. Nos hace fijar la mirada en Jesús

El Vía Crucis nos hace recorrer de nuevo el último tramo del camino terrenal de Jesús. Este recorrido comienza en el pretorio, lugar donde Jesús es condenado por Pilato, y concluye en la colina del Gólgota, con su muerte en la cruz por nuestra salvación. En cada una de las 14 estaciones somos conducidos a fijar la mirada en Jesús para acoger su gracia y aprender a vivir del amor, siguiendo su ejemplo. Así también nosotros podemos hacerlo todo por amor, incluso las cosas más pequeñas y cotidianas, porque solo el amor hace extraordinarias las cosas más sencillas.

2. Revela el amor ilimitado de Dios por nosotros

A través de las estaciones del Vía Crucis recibimos la poderosa revelación del amor de Dios por nosotros; un amor que alcanza su culmen en la cruz de Cristo. Aquí encontramos la garantía más evidente de que Dios nos ama infinitamente y que nunca nos abandonará: «Nadie tiene un amor más grande que este: dar la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Y el papa Francisco nos dice que: «En la cruz de Cristo está todo el amor de Dios, está su inmensa misericordia… ¿Qué deja la Cruz en cada uno de nosotros? Miren: deja un bien que nadie puede darnos: la certeza del amor fiel de Dios por nosotros» (Cf. Vía Crucis con los jóvenes, Jornada Mundial de la Juventud, 26 de julio de 2013).

3. Nos hace comprender que Jesús abraza nuestro sufrimiento 

En el Vía Crucis Jesús sufre por nosotros, lleva sobre sus hombros el pecado del hombre, también el nuestro, y lo perdona mediante su amor, un amor que da la vida. De este modo, entra en nuestro sufrimiento y nos da la fuerza para llevarlo; entra en la muerte para vencerla y salvarnos. Él es el Dios con nosotros que abraza nuestra pobre humanidad, compartiendo hasta el fondo nuestra miseria, hasta la muerte en cruz, para que ningún hombre se sienta abandonado.

4. Ayuda a encontrarnos con Jesús mediante la Palabra de Dios

El Vía Crucis nos hace contemplar los acontecimientos de la pasión y muerte de Jesús a través de la Palabra de Dios. Conocer a Jesús es una aventura que dura toda la vida; por eso es esencial alimentar la vida espiritual con la Sagrada Escritura: a través de ella conocemos a Cristo. San Jerónimo nos recuerda: «Cuando rezas, hablas con el esposo. Cuando lees la Escritura, es Él quien te habla». Depende de nosotros darle la posibilidad de hablarnos. Por tanto, cuando meditemos el Vía Crucis, dejémonos guiar por la Palabra de Dios con el deseo de encontrarnos con Jesús, escucharlo y acogerlo en el corazón y en la vida.

5. Nos impulsa a decidirnos por Cristo

Al participar en el Vía Crucis, se pide a cada uno que reafirme su adhesión al Maestro. Entonces debemos ir a lo profundo y tomar una decisión firme, valiente y definitiva. El Vía Crucis nos ayuda a superar la tibieza, la superficialidad y la indecisión y, como el buen ladrón, podemos abrirnos a la fe en Jesús; o bien podemos permanecer junto a la cruz, como la Madre y el discípulo, y allí acoger junto a ellos la Palabra que salva, la Sangre que purifica y el Espíritu que da la vida. Estamos invitados a tomar una decisión.

6. Nos contagia de amor

El Vía Crucis nos hace beber del corazón de Dios, que «es amor» (1 Jn 4,8.16), y nos recuerda que no podemos amar a Dios si no amamos a nuestros hermanos: «La Cruz de Cristo invita también a dejarnos contagiar por este amor; nos enseña entonces a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien necesita ayuda, a quien espera una palabra, un gesto» (Vía Crucis con los jóvenes, Jornada Mundial de la Juventud, 26 de julio de 2013).

7. Remite a la Pascua y a la vida nueva

El Vía Crucis nos pone ante el misterio del amor de Dios por nosotros y esto nos infunde esperanza y valor: esperanza, porque en su designio incluso la noche más oscura se abre a la luz pascual; y valor, para afrontar toda adversidad unidos a Él. El papa Francisco nos invita: «Confiemos en Jesús, entreguémonos a Él, porque ¡Él nunca decepciona a nadie! Solo en Cristo muerto y resucitado encontramos la salvación y la redención» (Cf. Vía Crucis con los jóvenes, Jornada Mundial de la Juventud, 26 de julio de 2013).

El Vía Crucis es una escuela de vida que nos sumerge en el misterio de la pasión del Señor, de su muerte y resurrección, revelándonos su amor infinito. El Vía Crucis, entonces, es un ejercicio necesario para entrenar el corazón en el amor.
El Señor nos invita a todos a ponernos en camino por la vía de la cruz, sobre todo en este tiempo que nos prepara para la Pascua. Es una invitación importante porque, a través de este recorrido, el Señor nos hace crecer en la dimensión más bella e importante de nuestro ser: el amor. En efecto, si sabemos acoger paso a paso la importancia de este camino y logramos descubrir cuál es el amor que Jesús pone en juego en el Vía Crucis, nos sentiremos envueltos por ese mismo amor “loco” que lo llevó a morir en la cruz. Esto hará de nosotros personas dispuestas a vivir la vida cotidiana imitando a Jesús.

Acojamos la invitación del Señor y emprendamos juntos el camino de la cruz.


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