La Navidad, con su encanto, es una fiesta siempre muy esperada por grandes y pequeños. Las ciudades cambian de aspecto, se visten de fiesta y se iluminan, mientras que en los hogares adultos y niños se divierten decorando el árbol de Navidad, haciendo más cálido el ambiente con alegres luces de colores o con la luz tenue de las velas que simbolizan la espera y la fe, preparando el belén para celebrar el nacimiento del Hijo de Dios, Jesucristo, que se hace hombre y viene a vivir entre nosotros. Creemos saberlo todo sobre la Navidad; sin embargo, hay algunas curiosidades que quizá no todos conocemos. ¡Descubrámoslas juntos!
¿Cuál es el origen de la palabra Navidad?
La palabra Navidad deriva del latín natalis, derivado a su vez de la palabra natus (nacido), y se utilizó por primera vez en el latín cristiano Natāle(m), para referirse a diem natālem Chiristi, «día del nacimiento de Cristo».
¿Por qué la Iglesia católica celebra la Navidad el 25 de diciembre?
El Cronógrafo, un antiguo documento del año 354, atestigua la existencia en Roma de una fiesta que se celebraba el 25 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno: era la fiesta del «Natalis Solis Invicti»; es decir, se celebraba el nacimiento del nuevo sol que, después de la noche más larga del año, recuperaba nuevas fuerzas.
Al celebrar ese día el nacimiento de aquel que es el Sol verdadero, la luz del mundo, la Iglesia quiso dar un significado completamente nuevo a una tradición pagana muy arraigada entre el pueblo, ya que coincidía con las fiestas de Saturno, durante las cuales los esclavos recibían regalos de sus amos y eran invitados a sentarse a la misma mesa como ciudadanos libres. Sin embargo, los regalos navideños evocan más directamente los presentes de los pastores y de los Reyes Magos al Niño Jesús.
La fiesta de Navidad se superpone, por tanto, aproximadamente a las celebraciones del solsticio de invierno y a las fiestas de las saturnales romanas (del 17 al 23 de diciembre).
¿Cuándo celebra la Navidad la Iglesia de Oriente?
El 7 de enero es el día de Navidad para las Iglesias católicas orientales y las Iglesias ortodoxas que siguen el calendario juliano. Esto sucede en Oriente Medio, pero también en la Iglesia greco-ucraniana y entre los cristianos ortodoxos que viven en Rusia, Bielorrusia, Serbia, Croacia, Macedonia y otros países. Es particular la situación en Egipto, donde los católicos de El Cairo y Alejandría, con sus respectivas provincias, ya han celebrado el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, mientras que quienes viven en el Alto Egipto celebran el 7 de enero, junto con los ortodoxos. ¿Por qué el 7 de enero? Hay que tener en cuenta que en 1582 el papa Gregorio XIII decidió modificar el antiguo calendario introducido por Julio César en el año 45 a. C., llamado precisamente juliano en su honor. Por este motivo, los días comprendidos entre el 5 y el 14 de octubre de 1582 fueron eliminados y, por tanto, nuestro 25 de diciembre se convierte en el 7 de enero. La mayoría de las Iglesias ortodoxas de todo el mundo utiliza el calendario juliano y no ha adoptado el calendario gregoriano. Los ortodoxos también celebran la Navidad el 25 de diciembre; la diferencia es que, en el calendario que utilizan, esta fecha cae en nuestro 7 de enero (por lo que para ellos la Epifanía se convierte en la víspera de Navidad). Sin embargo, algunos ortodoxos prefirieron adaptarse al cambio: en Grecia, por ejemplo, la Navidad coincide con la católica.
¿Cuándo nació exactamente Jesucristo?
Las únicas fuentes textuales que hablan del nacimiento de Jesús son los Evangelios de Mateo y Lucas, que, sin embargo, no proporcionan indicaciones cronológicas precisas. Si damos por válidas las informaciones históricas que ofrecen, es posible deducir un intervalo de tiempo probable en el que situar el acontecimiento. El Evangelio de Mateo (2,1) relata que Jesús nació «en los días del rey Herodes», que reinó probablemente entre el año 37 a. C. y el 4 a. C. No obstante, no se puede descartar que en el año 4 a. C. simplemente asociara a sus hijos al reinado. En Mateo 2,16 se recoge la noticia de la intención de Herodes de matar a los niños de Belén menores de dos años (la matanza de los inocentes). Si se acepta la historicidad del relato, esto sugiere que Jesús nació uno o dos años antes del encuentro de Herodes con los magos.
¿Por qué la liturgia de Navidad prevé cuatro celebraciones diferentes de la misa?
La liturgia del día de Navidad es, en efecto, particularmente rica y prevé nada menos que cuatro celebraciones diferentes: la misa vespertina de la vigilia, la misa de medianoche, la misa de la aurora y la misa del día.
La misa vespertina, que ya pertenece a la Navidad, resume toda la espera de la humanidad. Las palabras del prefacio nos explican la lógica de esta celebración: «En esta hora anticipamos, orando, la espera de su venida, para estar preparados para velar durante la próxima noche y acoger con el corazón abierto su Navidad».
La celebración de la noche pone de relieve el acontecimiento del nacimiento de Jesús en un momento concreto de la historia y de la geografía: un aspecto muy marcado en las primeras palabras del Evangelio de Lucas.
En las primeras horas de la mañana se celebra la misa de la Aurora. Los textos bíblicos, sobre todo el Evangelio, en continuidad con la celebración nocturna, destacan la figura de los Pastores, que reciben el anuncio y se ponen en camino hacia Belén.
Así se llega a la misa del día: Dios se ha hecho hombre para conceder al ser humano la gracia de ser como Dios. La Liturgia de la Palabra está dominada por la lectura del Prólogo de Juan, que nos hace fijar la mirada en el hecho de que Dios se encarna y se hace hombre como nosotros. Dios pone su tienda, es decir, decide vivir entre nosotros y caminar con nosotros cada día.

Vivamos la Navidad 2020 con esperanza
El papa Francisco se centró en el sentido que debemos dar a esta Navidad de 2020, que llega al final de un año dificilísimo y marcado por tanto dolor: «También en esta Navidad, en medio de los sufrimientos de la pandemia, Jesús, pequeño e indefenso, es el Signo que Dios ofrece al mundo. “Signo admirable”, como comienza la Carta sobre el belén que firmé hace un año en Greccio. Nos hará bien releerla en estos días».
«El árbol y el belén ayudan a crear el ambiente navideño favorable para vivir con fe el misterio del nacimiento del Redentor», explicó Francisco: «En el belén, todo habla de la pobreza “buena”, la pobreza evangélica, que nos hace bienaventurados: al contemplar a la Sagrada Familia y a los diversos personajes, nos sentimos atraídos por su desconcertante humildad. La Virgen y san José fueron desde Nazaret hasta Belén. Para ellos no hay sitio, ni siquiera una habitación; María escucha, observa y guarda todo en su corazón. José busca un lugar que pueda adaptar para ella y para el Niño que está a punto de nacer. Los pastores son protagonistas en el belén, como en el Evangelio. Viven al aire libre. Velan. El anuncio de los Ángeles es para ellos, y van inmediatamente a buscar al Salvador que ha nacido».

Aprovechemos estos días, en los que vivimos la espera de la Navidad del Señor, para «guardar» en el corazón, como María, el «signo admirable» que es Jesús, que viene a vivir entre nosotros.
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