En el volumen 17 de la colección Cuadernos del Concilio (impulsados por el papa Francisco en preparación del Jubileo de 2025), titulado Las imágenes de la Iglesia, Maria Gloria Riva - monja de clausura de la Orden de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento - nos invita a emprender un viaje apasionante al descubrimiento del retrato de la Iglesia a través de las representaciones del arte. Página tras página, emerge el profundo amor de la autora por la Iglesia y también su pasión por el arte.
¿Quién es la Iglesia?
La autora parte de los números 6-8 de la Lumen gentium (del latín: “Luz de las gentes”), una de las cuatro constituciones del Concilio Ecuménico Vaticano II.
Aquí el Concilio responde, en el fondo, a una sola pregunta: “¿Quién es la Iglesia?”. De este modo, la Iglesia pinta su autorretrato, delineando su identidad profunda, su naturaleza y su misión universal.

La belleza de la Iglesia se resume en ser «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1); en ser el pueblo de Dios que tiene su origen en Dios-Trinidad, estructurado a imagen y semejanza de la comunión trinitaria y en camino hacia la Trinidad.
Para hablar de la Iglesia, la Lumen gentium utiliza diversas imágenes (nn. 6-7), sólidamente arraigadas en la Sagrada Escritura, sobre las que es muy importante detenerse y que nos permiten acercarnos al misterio que representa.

En camino para descubrir el rostro de la Iglesia
Maria Gloria Riva traza este retrato de manera muy original y profunda, deteniéndose en las imágenes de la Iglesia propuestas por la Lumen gentium e y haciéndolas vivas ante nuestros ojos a través del arte (es constante la referencia a mosaicos, frescos, pinturas, iconos y edificios). Etapa tras etapa, el rostro de la Iglesia va tomando forma, expresándose en el arte de todos los tiempos y manifestando la sorprendente fuerza de la fe.
Desde los mosaicistas del arte paleocristiano hasta los artistas contemporáneos, se nos conduce a emprender un viaje apasionante al descubrimiento de los rostros de la Iglesia de Cristo: redil y rebaño; pastor y puerta de salvación; raíz y viña; Jerusalén celestial y cuerpo místico del Salvador, esposa de Cristo y madre nuestra.
Estas imágenes de la Iglesia que, junto con otras, nos propone el Concilio están estrechamente relacionadas entre sí. Quizá cada uno de nosotros sienta alguna especialmente cercana a su propia sensibilidad espiritual, pero si nos comprometemos a considerarlas en conjunto, en toda su riqueza de significado, podremos captar mejor la realidad de la Iglesia.
Deseamos que todos, al contemplar la belleza de las imágenes de la Iglesia, podamos convertirnos cada vez más en una Iglesia signo de la comunión trinitaria.



