Nuestro camino de preparación para el Jubileo de 2025 llega a una nueva etapa con el decimotercer volumen de la colección Quaderni del Concilio, titulado “Los tiempos fuertes del año litúrgico”.
A menudo oímos hablar del año litúrgico y de los tiempos fuertes. Pero ¿estamos seguros de saber qué son? Maurizio Barba nos ayuda a aclararlo.

Qué es el año litúrgico
Es el año de la Iglesia y la celebración de la vida de Jesús distribuida a lo largo de todo un año.
El año litúrgico consta de 52 semanas, como el año civil. Sin embargo, no comienza el 1 de enero ni termina el 31 de diciembre.
Tiene una configuración particular, porque es “litúrgico”, es decir, está basado en la liturgia, que es la oración de la Iglesia. A lo largo del año, de hecho, se presenta, mediante las celebraciones litúrgicas, a Jesucristo, su mensaje y su vida.

El sentido del año litúrgico
En las diversas celebraciones del año litúrgico, la Iglesia celebra el único y mismo misterio pascual de Cristo «desde la Encarnación y la Natividad hasta la Ascensión, el día de Pentecostés y la espera de la bienaventurada esperanza y del retorno del Señor» (SC 102).
El año litúrgico encuentra su origen y su fin en el misterio pascual de Cristo, es decir, en el acontecimiento de su pasión, muerte y resurrección. El Concilio Vaticano II afirma que, en las celebraciones del año litúrgico, entramos en contacto con los misterios de la vida de Jesús y con la gracia de la salvación.
A este respecto, Maurizio Barba escribe: «El año litúrgico no es la sucesión cinematográfica de acontecimientos pasados, sino la participación en la historia de Jesús mediante la comunión con el Resucitado en el transcurso del tiempo. Cada año, al comenzar un nuevo ciclo litúrgico, la comunidad de los creyentes está llamada a vivir el tiempo que transcurre a la luz del misterio de Cristo».

Los tiempos fuertes
Podemos decir que el año litúrgico es el camino de los cristianos para conocer y acoger a Jesús en su vida. Se estructura en diversos períodos:
Cuaresma: es el tiempo en el que toda la Iglesia se reúne en oración, bajo la guía de la palabra de Dios, para encontrarse con Cristo en su misterio de Pasión, muerte y Resurrección, mediante un compromiso constante de conversión.
Triduo pascual: articula de manera unitaria el triple contenido del misterio pascual: la Pasión, la muerte y la Resurrección de Jesús.
Tiempo de Pascua: es el período en el que la Iglesia nos anima a confiar en el Resucitado y a ponernos en sus manos, para experimentar, como personas y como comunidad cristiana, su presencia viva y activa, que susurra al corazón de cada uno su saludo pascual: «¡La paz esté con ustedes!».
Adviento: es un tiempo de preparación para la solemnidad del nacimiento del Señor, pero también un tiempo en el que el espíritu es guiado a esperar la segunda venida de Cristo al final de los tiempos.
Navidad: la comunidad cristiana rememora y actualiza, mediante los ritos y las oraciones de la liturgia, la plena y definitiva «manifestación» de Dios en su Hijo, Jesucristo, luz del mundo.
A lo largo del año, la liturgia, como lugar privilegiado del encuentro con Dios, nos hace partícipes de todo el misterio de Cristo, llevándonos a recorrer sacramentalmente, y no solo como un simple recuerdo, todas las etapas de su existencia terrena, haciéndonos así ya hoy, de alguna manera, partícipes de su vida divina.
Cada año, con el inicio de un nuevo ciclo litúrgico, estamos llamados a vivir la historia de la salvación, comprometiéndonos sin cesar en el camino de conversión y de seguimiento de Cristo.



