El sufrimiento tiene muchas formas: puede ser interior y puede ir quitándote poco a poco la alegría de vivir; puede ser algo que llega de repente a tu vida y la trastorna: un accidente, la pérdida de un ser querido, un hijo que toma un camino que nunca habrías imaginado; un matrimonio que se rompe… En estos y muchos otros casos entramos en contacto con el dolor… La vida parece detenerse, nos quedamos sin aliento.
Y, sin embargo… ¡la vida no se detiene! Es posible encontrar una luz en la oscuridad en la medida en que aceptamos lo que nos sucede y hacemos que, de algún modo, florezca.

¿Por qué precisamente a mí?
Cuando el sufrimiento irrumpe en nuestra vida, es humano pensar -y casi gritar al cielo-: «¿Por qué precisamente a mí?».
Cada uno de nosotros ha sido creado para la alegría plena y para la vida, por eso llevamos en nuestro ADN el rechazo de cualquier sufrimiento: en ese momento, pensar en el dolor, en cualquiera de sus formas, nos da miedo; al mirar a través de nosotros solo vemos oscuridad y es difícil pensar que dentro de esa oscuridad también haya luz, pero si intentamos preparar el corazón en esa dirección, podríamos quedar maravillados…
Intentémoslo… ¿Por qué no a mí?
Un primer paso podría ser el de intentar cambiar de perspectiva, algo dificilísimo: no preguntarse «¿Por qué precisamente a mí?», sino preguntarse: «¿Por qué no a mí?».
El dolor, por desgracia, afecta a toda vida y, cuando nos afecta a nosotros, una primera forma de aceptarlo es comprender que puede suceder, que, así como les sucede a los demás, también puede sucederme a mí.

El sufrimiento forma parte de la vida y es vida
«La vida no es esperar a que pase la tormenta, sino aprender a bailar bajo la lluvia». Esta famosa frase de Gandhi puede servirnos de trampolín para reflexionar y pensar de otra manera sobre la realidad del sufrimiento que puede afectarnos personalmente o afectar a nuestros seres queridos: la vida está hecha de alegría y dolor, de luz y sombra, es tormenta y calma… Si cuando sufrimos esperamos únicamente a que pase, es como esperar a que pase la vida misma, cuando podemos vivir dentro de ese dolor…

Y si adoptamos esta perspectiva, también podríamos descubrir que hay luz en la oscuridad.
Incluso cuando nos enfrentamos a situaciones irreversibles, nuestra actitud hacia ellas puede marcar la diferencia. Aceptar el sufrimiento como parte integrante de nuestro camino humano nos abre a una vía de crecimiento y conciencia, enseñándonos que, incluso en lo inevitable, podemos encontrar la fuerza para continuar nuestro viaje: en este doloroso recorrido podríamos cruzarnos con personas amigas que no creíamos que lo fueran; podríamos descubrir que llevamos dentro una fuerza que nunca habíamos sentido; podríamos entablar un diálogo intenso con el cielo y aprender a levantar la mirada…
Una maestra en el sufrimiento fue y sigue siendo santa Margarita, discapacitada desde su nacimiento, pero que supo convertir su sufrimiento en un canto de gratitud y de vida. ¡Intentemos aprender de ella, pero, sobre todo, sintámosla cerca, porque sin duda sabrá comprender cada uno de nuestros momentos, incluso los de rebeldía y no aceptación!

La Unión Italiana de Ciegos de Perugia también ha creado un audiolibro que todas las personas ciegas y con discapacidad visual pueden solicitar gratuitamente escribiendo un correo electrónico a uicpg@uiciechi.it

