A lo largo de esta semana, que comenzamos con el inicio de la novena a la Inmaculada, reflexionamos sobre la pureza de María y su docilidad al Espíritu Santo. Estas son las características que la hacen verdaderamente «bella como la luna». Pensemos sobre todo en su prontitud para decir: «Aquí estoy», y meditemos con el papa Francisco: «Aquí estoy es la palabra clave de la vida. Marca el paso de una vida horizontal, centrada en uno mismo y en las propias necesidades, a una vida vertical, orientada hacia Dios. Aquí estoy significa estar disponibles para el Señor, es el remedio contra el egoísmo, es el antídoto contra una vida insatisfecha, a la que siempre le falta algo. Aquí estoy es el remedio contra el envejecimiento del pecado, es la terapia para permanecer jóvenes por dentro. Aquí estoy significa creer que Dios cuenta más que mi yo. Es elegir apostar por el Señor, dóciles a sus sorpresas. Por eso, decirle aquí estoy es la alabanza más grande que podemos ofrecerle. ¿Por qué no comenzar así las jornadas, con un “aquí estoy, Señor”? Sería hermoso decir cada mañana: “Aquí estoy, Señor, que hoy se cumpla en mí tu voluntad”».

LUNES 29 DE NOVIEMBRE
Inicio de la novena a la Inmaculada
Durante estos nueve días, que nuestra oración sea ferviente. Depositemos en el corazón de la Inmaculada las alegrías y las cargas que llevamos dentro. Hagamos nuestra la oración del papa Pío XII: «Oh Virgen, bella como la luna, delicia del cielo, cuyo rostro contemplan los bienaventurados y en el que se miran los ángeles, haz que nosotros, tus hijos, nos parezcamos a ti y que nuestras almas reciban un rayo de tu belleza, que no se marchita con los años, sino que resplandece en la eternidad. Oh María, despierta la vida dondequiera que esté la muerte e ilumina los espíritus donde haya tinieblas. Al reflejarte en el rostro de tus hijos, concédenos un reflejo de tu luz y de tu fervor. Sálvanos, oh María, bella como la luna, radiante como las estrellas, fuerte como un ejército en formación, sostenido no por el odio, sino por la llama del amor».
Para profundizar:
• Novenas a la Inmaculada Concepción y a la santa Navidad
• Novena a la Inmaculada Concepción

MARTES 30 DE NOVIEMBRE
San Andrés apóstol
El pescador Andrés es el primero de los apóstoles que encontramos en el Evangelio: junto con un amigo sigue la predicación del Bautista, que señala: «¡Este es el Cordero de Dios!» (Jn 1,36). Andrés corre a informar a su hermano Simón (que se convertirá en Pedro): «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41). Los dos hermanos han vuelto a su trabajo de pescadores en el mar de Galilea, pero lo dejan todo de repente cuando Jesús los invita a seguirlo y dice: «Os haré pescadores de hombres» (Mt 4,19). Un texto copto contiene esta bendición de Jesús a Andrés: «Serás una columna de luz en mi reino, en Jerusalén, mi ciudad predilecta. Amén». Según la tradición, el apóstol fue crucificado en Patrás el 30 de noviembre de 64 y sus reliquias todavía son veneradas en Constantinopla.
Para profundizar:
• Sobre tu Palabra – Misal noviembre-diciembre de 2021
• Con agua viva – Liturgia de las horas diaria noviembre-diciembre de 2021

VIERNES 3 DE DICIEMBRE
Inicio de la novena a la Virgen de Guadalupe
Acudamos con confianza a la Virgen de Guadalupe y profundicemos en las palabras pronunciadas por san Juan Pablo II en la homilía de la santa Misa por el 450.º aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe: «En el mensaje guadalupano destaca con singular fuerza la referencia constante a la maternidad virginal de María. El pueblo fiel ha conservado siempre, en efecto, una viva conciencia del hecho de que la buena Madre del cielo, a la que se abraza suplicante, es la “siempre perfecta Virgen” de la antigua tradición cristiana […]. Otro aspecto fundamental proclamado por el mensaje guadalupano es la maternidad espiritual de María hacia todos los hombres, tan íntimamente unida a la maternidad divina. De hecho, en la devoción guadalupana aparece desde el principio este rasgo característico, que los Pastores siempre han subrayado y los fieles han vivido con firme confianza».
Bajo su protección maternal depositamos todo lo que llevamos en el corazón.
Para profundizar:
• Rezad, rezad, rezad
• La Virgen de Guadalupe
En este tiempo de Adviento, hagamos nuestra la oración de Benedicto XVI: «Que María Inmaculada nos enseñe a escuchar la voz de Dios que habla en el silencio; a acoger su Gracia, que nos libera del pecado y de todo egoísmo; para saborear así la verdadera alegría. ¡María, llena de gracia, ruega por nosotros!».
¡Buen camino!
