Está a punto de publicarse un nuevo volumen de la colección Los santos del Misalito, dedicado a la beata Benedetta Bianchi Porro. El autor es don Andrea Vena, profundo conocedor de Benedetta, que colabora con la editorial Shalom en los comentarios del Misalito, además de haber escrito ya el libro Mirar a Jesús con la mirada de María.
A la espera de la publicación del libro, pedimos a don Andrea que respondiera a algunas preguntas para presentarnos a Benedetta y su santidad resplandeciente y, al mismo tiempo, ordinaria.
Don Andrea, usted ha cuidado la edición oficial de los escritos de la beata Bianchi Porro y es el autor del libro Benedetta Bianchi Porro. La vita, gli scritti, que se publicará en mayo. ¿Puede contarnos cómo conoció la figura de Benedetta y qué le impresionó de ella?
Conocí a Benedetta a través de sus propios familiares, en los años 1992-93… mientras frecuentaba Sirmione para recibir tratamientos termales. El primer año, todavía lo recuerdo, empecé a ver una videocasete en la casa parroquial -donde me alojaba- y recuerdo que interrumpí la proyección enseguida porque el tema del sufrimiento no me atraía. Al año siguiente, la hermana de Benedetta, Emanuela, me regaló un libro con los escritos de Benedetta, y recuerdo que lo devoré en el tren entre Verona y Pordenone: ¡una sabiduría que solo podía venir de lo Alto! Una joven que se encontró con el peso de la enfermedad hasta el punto de rechazarla y pensar en el suicidio, y después encontró un grupo de amigos que la acompañaron en un camino de fe. Esta normalidad de una joven de veinte años que primero se deja acompañar, luego acompaña y finalmente… ¡ella vuela y nos deja boquiabiertos al dirigir la mirada hacia la cima que alcanzó! ¡Sublime!

¿Puede resumir el perfil biográfico de Benedetta recordando sus rasgos más destacados?
Benedetta nace en Dovadola (provincia de Forlì) el 8 de agosto de 1936. En noviembre contrae poliomielitis, con el consiguiente acortamiento y adelgazamiento de la pierna derecha, por lo que se verá obligada a usar un zapato ortopédico.
A los 8 años, por sugerencia de su madre, empieza a escribir su Diario, al que llama «mi querido libro», «mi compañero de vida» y que constituye una fuente primaria para descubrir su personalidad.
Durante la adolescencia, Benedetta empieza a advertir los primeros síntomas de un extraño malestar.
El 15 de febrero de 1953, durante la clase de latín, advierte los primeros síntomas de una sordera progresiva.
Durante sus años universitarios (1953-1960), primero se matricula en la Facultad de Física, pero después, para seguir su marcada inclinación humanística y satisfacer el deseo de su madre, decide pasar a la Facultad de Medicina y Cirugía. El 31 de diciembre de 1955 diagnostica por sí sola su enfermedad: neurofibromatosis o enfermedad de Recklinghausen.

El 24 de mayo de 1962, después de una novena de oraciones y lecturas sobre las maravillas de Lourdes, acompañada por su madre, parte para su primera peregrinación en el tren celeste de OFTAL.
Aproximadamente un año después, el 28 de febrero de 1963, se celebra la misa en su habitación y es la última a la que asiste, porque en el momento de la elevación de la Hostia los ojos de Benedetta adquieren un color sanguinolento. Después sobreviene la ceguera absoluta, enriquecida, sin embargo, por una misteriosa luz interior.
En junio de 1963, Benedetta realiza su segunda peregrinación a Lourdes y recibe la confirmación de su vocación particular: «De la ciudad de la Virgen se vuelve a ser capaz de luchar, con más dulzura, paciencia y serenidad. La Virgen me ha compensado por lo que ya no poseo. Y me he dado cuenta, más que nunca, de la riqueza de mi estado, y no deseo otra cosa que conservarlo. Este fue para mí el milagro de Lourdes, este año».
El 23 de enero de 1964 Benedetta vuela al cielo y el 14 de septiembre de 2019, en la Catedral de Forlì, es beatificada.

Si tuviera que describir a Benedetta y su experiencia de vida con cinco palabras, ¿qué palabras usaría?
Sencillez: Dios está en todas partes y en todas partes puedes alabarlo;
Belleza: lo bello es un reflejo del amor de Dios;
Sufrimiento: la vida es algo maravilloso, incluso en sus aspectos más terribles;
Compromiso: Porque todo en la vida exige compromiso;
María: quien mejor que nadie nos ayuda a permanecer bajo la cruz.

En la experiencia de vida de Benedetta se percibe que “no se nace santo, sino que se llega a serlo”, porque ella, comprensiblemente, tuvo que luchar para aceptar el camino doloroso que poco a poco la vida le reveló; esto la hace aún más cercana a nosotros. En su opinión, ¿qué nos enseña hoy la vida de Benedetta?
La pregunta ya guarda la respuesta: la fe es un camino de crecimiento, hecho de altibajos, de comprensión y rechazo, de aceptación y adhesión. Benedetta habla hoy a todos, absolutamente a todos, en particular a los jóvenes y a los enfermos. A los jóvenes les enseña a dejarse interpelar por los acontecimientos de la vida, porque Dios no se cansa de arrojar en el terreno de nuestra vida la semilla de su Palabra… y lo hace con confianza. A los enfermos, porque Benedetta enseña a no rendirse, sino a dejar actuar a Dios.
¡Descubramos la belleza de Benedetta Bianchi Porro y dejemos que su experiencia de vida nos hable y llegue a nuestro corazón!


