Enferma por vocación… Este no es -ni pretende ser- un título efectista, sino una expresión en la que puede resumirse la breve y luminosa trayectoria vital de Bertilla Antoniazzi (1944-1964), declarada venerable por el papa Francisco el 19 de enero de 2023.

En este artículo esbozamos su figura, en los días que nos acompañan hasta la Jornada Mundial del Enfermo (11 de febrero de 2024), porque Bertilla nos dice que también los enfermos pueden vivir plenamente, pueden vivir atesorando cada instante; en definitiva, pueden vivir la alegría plena… Basta con no soltar nunca la mano de ese Amigo capaz de llevar luz a toda oscuridad: ¡Jesús! Ella misma escribe: «Tu sufrimiento se volverá más ligero cuanto más sepas abandonarte a Jesús».



En la enfermedad… una vocación
«¡Mi vocación es estar enferma y no tengo tiempo para pensar en otras cosas!», responde Bertilla, apenas veinteañera, a quienes le preguntan cuáles son sus proyectos de vida. No es de extrañar: es una experta, porque convive con la enfermedad desde que tenía apenas 8 años. A esa edad, de hecho, le diagnostican una endocarditis reumática, es decir, una enfermedad del corazón que le quita el aliento y las fuerzas.
Desde ese momento, en la vida de Bertilla se alternan largas hospitalizaciones con regresos a casa, durante los cuales, sin embargo, se ve obligada a permanecer en cama.

En la enfermedad… un tesoro del que sacar provecho
El secreto revolucionario de Bertilla está en dos palabras: sonrisa y aceptación plena. Gracias a estas dos armas, su vida -que podría haber sido solo un túnel oscuro- ¡florece en una obra maestra de luz! Ella, en efecto, decide con extraordinaria fuerza y con extraordinario valor vivir su estado de enferma como un tesoro del que sacar provecho: de su primer ingreso hospitalario data un cuadernito en el que, meticulosamente, día tras día, anota los destinatarios de sus sufrimientos. Y si al principio, como es comprensible, se dirige sobre todo a sus seres queridos y a sus afectos, hacia los 13 años su obra de intercesión se amplía al mundo: «El lunes, por las almas del purgatorio; el martes, por los misioneros y los infieles [es decir, los no creyentes]; el miércoles, por la conversión de los pecadores moribundos; el jueves, por los sacerdotes…».
Misionera del sufrimiento
A los 15 años se une a los “Voluntarios del sufrimiento”, fundados por el beato Luigi Novarese, y hace de su enfermedad “una oración incesante”, convirtiéndose en una “misionera del sufrimiento”: en la enfermedad dirige a Dios un continuo canto de gracia; en la enfermedad dirige a Dios su oración y por eso puede aconsejar a su primo, que padece esclerosis múltiple, «que no dejes perder ni un solo momento de tu sufrimiento sin haberlo puesto en las manos de Jesús».

Otra Bertilla como amiga
Un “encuentro” importante es el que Bertilla tiene a los 16 años, al leer la vida de una homónima suya, santa Bertilla Boscardin. Enseguida entra en sintonía con ella, y la obra maestra de su vida se cumple precisamente a las 20:30 del 22 de octubre de 1964. Recuerda sor Pialuigia, la hermana de Bertilla: «La superiora del hospital, al enterarse de la muerte de Bertilla, dijo: “A esta misma hora y en este día murió santa Bertilla Boscardin. Ella vino a buscarla y a llevarla consigo al Paraíso”».
Si tú también estás viviendo el momento duro y oscuro de la enfermedad, o estás cerca de alguien que lo está atravesando, te invitamos a compartir con nosotros, si quieres, tu experiencia, ¡y esperamos que la vida de Bertilla te haya transmitido luz y esperanza!


