El mes de agosto, generalmente dedicado a las vacaciones, es el momento ideal para alimentar con una intensidad cada vez mayor nuestro espíritu. Es un tiempo en el que debemos centrarnos en lo esencial, un tiempo que debemos dedicar a Dios. La Iglesia, en efecto, no por casualidad dedica este mes a Dios Padre. No nos dejemos distraer por lo efímero, sino que apuntemos a lo que verdaderamente importa en la vida; preguntémonos seriamente: «¿En qué punto me encuentro en mi camino? ¿Estoy detenido? ¿Me estoy equivocando de camino?». El papa Francisco nos recuerda que «salir de uno mismo no basta, hay que saber adónde ir. Porque muchas metas son ilusorias: prometen alivio y solo distraen un poco, aseguran paz y proporcionan diversión, para después dejarnos en la misma soledad de antes, son “fuegos artificiales”. Por eso Jesús indica adónde ir: “Venid a mí”. Y muchas veces, ante un peso de la vida o una situación que nos aflige, intentamos hablar de ello con alguien que nos escuche, con un amigo, con un experto… Es muy bueno hacerlo, pero ¡no olvidemos a Jesús! No olvidemos abrirnos a Él y contarle nuestra vida, confiarle a las personas y las situaciones. […] Aprendamos a acudir a Jesús y, mientras durante los meses de verano busquemos un poco de descanso de aquello que fatiga el cuerpo, no olvidemos encontrar el verdadero alivio en el Señor».
Aprendamos del ejemplo de los santos que recordamos este mes, gigantes de la santidad: san Juan María Vianney (el Santo Cura de Ars), santa Clara, san Maximiliano Kolbe, san Agustín y santa Mónica.
Además, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto (o bien, con el consentimiento del Ordinario, el domingo anterior o posterior - desde el mediodía del sábado hasta la medianoche del domingo), se puede obtener la indulgencia del Perdón de Asís. «¡Hermanos míos, quiero enviaros a todos al Paraíso!», dijo san Francisco cuando promulgó el Gran Perdón. Aprovechemos estos momentos de gracia, manifestación de la infinita misericordia de Dios.
El día 15 celebraremos la Asunción de la bienaventurada Virgen María: preparémonos y vivamos intensamente esta solemnidad. Que la protección maternal de la Virgen guíe nuestros pasos.
