Febrero, aunque breve y frío, ya nos permite percibir un despertar de la naturaleza y la llegada de la primavera. Es un mes rico en festividades y aniversarios. El 2 de febrero celebramos la fiesta de la Presentación de Jesucristo en el templo, que nos invita a hacer memoria agradecida de la primera subida de Jesús a Jerusalén: María y José «entregan» a Dios a aquel Hijo que habían recibido de Dios como don. Precisamente el gesto de María y José ilumina una dimensión fundamental de la Iglesia, la vida consagrada, que en este día celebra su jornada. La vida consagrada nos remite a la elección libre de algunos hombres y mujeres de no reservarse nada para sí y de entregarlo todo a Dios: las cosas (pobreza), las relaciones (castidad), la libertad (obediencia).
El 11 de febrero, junto con la memoria litúrgica de la bienaventurada Virgen María de Lourdes, en honor de la primera aparición que tuvo lugar en esa fecha del lejano 1958, celebramos también la Jornada Mundial del Enfermo.
Como escribe el papa Francisco en el Mensaje para la 29a Jornada Mundial del Enfermo, en este día: «Pienso especialmente en cuantos, en todo el mundo, sufren los efectos de la pandemia del coronavirus. A todos, especialmente a los más pobres y marginados, les expreso mi cercanía espiritual, asegurándoles la solicitud y el afecto de la Iglesia».
Dirijámonos, pues, con confianza a la Virgen de Lourdes y pidámosle que sostenga nuestra fe y nuestra esperanza, que nos ayude a cuidar unos de otros con amor fraterno. Finalmente, encomendémosle a todas las personas que llevan el peso de la enfermedad, junto con sus familiares y los profesionales sanitarios.
Este mes podemos dirigir nuestra mirada a varios santos y testigos de la fe, entre ellos, la venerable Tecla Merlo, la beata madre Esperanza, santa Josefina Bakhita, los santos Francisco y Jacinta Marto, san Claudio La Colombière y san Gabriel de la Dolorosa.
Con el Miércoles de Ceniza (17 de febrero) entramos oficialmente en el tiempo de Cuaresma, período de intensa preparación para la celebración de la Pascua.
La Cuaresma es un tiempo para mí, para ti, para nosotros: es un don, una oportunidad que también este año se nos regala.
Tomemos conciencia de esta oportunidad y preguntémonos enseguida: «¿Cómo queremos vivir esta Cuaresma de 2021?». Para responder a esta pregunta podemos dejarnos ayudar por la liturgia, que nos ofrece algunas valiosas sugerencias: escuchar con mayor frecuencia la Palabra de Dios, intensificar la oración, adoptar un estilo de vida sobrio, marcado por el estímulo a la conversión y al amor sincero hacia los hermanos, especialmente los más pobres y necesitados, para hacer buenas obras, ser menos egoístas y pensar más en las cosas de Dios…
Nos corresponde transformar todo esto de un simple «propósito» en una ocasión personal y, por tanto, comunitaria, para madurar, cambiar, crecer en la fe y convertirnos verdaderamente a Dios.
¡Deseémonos mutuamente un buen camino cuaresmal, lleno de confianza en el Señor y de la alegría de quien se entrega sin reservas!
¡Sigamos adelante con confianza y esperanza!
