carlo acutis un santo in jeans e scarpe da tennis

Editrice Shalom

Tempo di lettura: 4 min
Autore: Editrice Shalom

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En un mundo que a menudo nos impulsa a conformarnos y a buscar la fama a cualquier precio, surge una figura que nos recuerda el valor inestimable de ser «originales»: «Todos nacen originales, pero muchos mueren como fotocopias», decía. Carlo Acutis, un chico alegre, desenvuelto y vivaz, enamorado del mensaje de Jesús, supo encarnar el Evangelio con una alegría contagiosa, destacando por su auténtica normalidad y una profundidad espiritual que ha dejado una huella imborrable. Su vida, que duró apenas 15 años, fue un himno a la felicidad vivida en armonía con Dios y, pronto, el 7 de septiembre de 2025, será proclamado santo.

Esa «marcha más»…

Carlo era un chico de nuestros tiempos, dividido entre el ordenador, los amigos, el deporte, la escuela y la diversión. Y, sin embargo, poseía una «marcha más»: su profunda amistad con Jesús. Creía firmemente que «Dios ha escrito para cada uno de nosotros una historia única e irrepetible, pero nos ha dejado la libertad de escribir su final». Y él, Carlo, eligió a Jesús como modelo y compañero para escribir la suya.

El corazón de su santidad: la Eucaristía

En el centro de su espiritualidad latía un amor ilimitado por la Eucaristía, que definía como su «autopista al cielo». Iba a misa todos los días y le encantaba quedarse en adoración frente al sagrario, diciendo: «Nosotros somos más afortunados que las multitudes de hace dos mil años, porque ellos, para encontrarse con Jesús, tenían que ir a buscarlo a los pueblos, mientras que nosotros podemos bajar a la iglesia de nuestro barrio y encontrarlo realmente presente en la Eucaristía».
Junto a Jesús, María ocupaba un lugar especial en su corazón: «¡La Virgen es la única mujer de mi vida!», afirmaba. Carlo tenía una profunda confianza en la Virgen, a quien consideraba «la escalera más corta para subir al cielo» mediante el Rosario, que rezaba a diario. 

Un «científico informático» al servicio del Evangelio

Lo que convierte a Carlo en un modelo tan actual para los jóvenes es su capacidad de combinar una fe profunda con las pasiones de su generación. Era un verdadero «científico informático», capaz de utilizar el ordenador de maneras que maravillaban a los expertos. Pero no lo hacía para sí mismo; para él, la informática era un medio de evangelización y catequesis, como demuestran las exposiciones en la web que realizó.

Un corazón grande y generoso

La caridad de Carlo era un río desbordado. Movido por el deseo de poner a Jesús en primer lugar, veía en cada persona el rostro de Dios. Aunque procedía de una familia acomodada, no presumía de su posición social ni se interesaba por las modas, y discutía con su madre para evitar compras superfluas. Su atención se dirigía a los «últimos»: los mendigos, los inmigrantes, los enfermos, los ancianos y cualquiera que tuviera dificultades para integrarse. Les llevaba comida de su cena y una vez utilizó sus ahorros para comprar un saco de dormir para una persona sin hogar. A los médicos que le preguntaban cómo se encontraba durante su enfermedad, respondía con una sonrisa: «Hay gente que sufre mucho más que yo». Y, en su lecho de muerte, le decía a la enfermera: «No despiertes a mamá, que está cansada y se preocuparía más». Su capacidad de amar al prójimo era tal que el padre Roberto Gazzaniga lo recordaba como «un pedacito de cielo para los demás chicos».

Su «kit para convertirse en santos»

Carlo creía que la santidad era una meta posible para todos e incluso había ideado un kit para convertirse en santos:
• Un gran deseo de santidad.
• Vivir cada día la misa y la comunión.
• Rezar el Rosario todos los días.
• Una ración diaria de la Palabra de Dios.
• Un poco de adoración.
• La confesión todas las semanas.
• La disposición a renunciar a algo por los demás.

Un salto a la eternidad con una sonrisa

Su muerte, con tan solo 15 años, fue un «salto a la eternidad», como él mismo parecía presagiar. Afectado por una leucemia fulminante, afrontó la enfermedad con un valor y una serenidad que asombraron a todos. Ofreció todos sus sufrimientos «por el papa y por la Iglesia, para no pasar por el Purgatorio e ir directamente al Paraíso». Su rostro, incluso durante la enfermedad, era luminoso y su sonrisa, desarmante.
La historia de Carlo ha conmovido al mundo entero, especialmente a los jóvenes, que lo reconocen como un testigo auténtico del amor de Dios. Sus restos fueron trasladados a Asís, destino de innumerables peregrinaciones, y el 5 de julio de 2018 el papa Francisco lo declaró venerable. El 10 de octubre de 2020 fue beatificado, y ahora la Iglesia se prepara para proclamarlo santo el 7 de septiembre de 2025.

Carlo Acutis es un joven que demostró que la santidad no es algo artificial, rígido ni alejado de la vida, sino una realidad alegre y viva, que se alcanza «sin desperdiciar ni un minuto». Su vida nos enseña que, al igual que un puente bien construido une dos orillas, una fe auténtica puede unir la vida cotidiana y las pasiones modernas con un amor profundo por Dios y el prójimo, dando lugar a una felicidad plena y contagiosa.
Sigamos sus pasos para redescubrir que estamos llamados a apuntar alto en nuestra vida, destinados a una alegría plena y sin fin.



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