cera una volta la confessione generale e oggi

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Érase una vez la Confesión general… ¿y hoy?

Confesión

Al leer el libro Filotea, un clásico de la espiritualidad cristiana, una obra muy famosa, hermosa y de gran autoridad, dado que su autor es san Francisco de Sales, me llamó la atención la bellísima práctica de la Confesión general. Hoy se habla poco de ella, está un poco demodé, pero es una manera de hacer una limpieza general en la propia alma para construir una vida con Dios.
El Santo habla ampliamente de ello en la primera parte del libro, en los capítulos VI y XIX, mostrando y explicando con palabras sencillas la importancia de la Confesión general y en qué consiste.

¿Por qué se dice «general»?

Por Confesión general se entiende una Confesión en la que, de acuerdo con el sacerdote, el penitente hace el examen de conciencia y la acusación de los pecados no solo desde la última Confesión, sino teniendo en cuenta un período de tiempo más amplio: el último año, toda la vida. Es como hacer una parada en boxes de nuestra vida: nos detenemos y lo revisamos todo.
Este tipo de Confesión suele recomendarse a las personas que comienzan un nuevo estado de vida, como el matrimonio, la vida consagrada o antes de recibir el orden sagrado (diáconos, sacerdotes y obispos). El antiguo código de derecho canónico la contemplaba, según el prudente juicio del confesor, para los postulantes y para quienes comenzaban el noviciado. El código actual no dice nada.
Don Bosco recomendaba esta práctica en los tiempos fuertes (Navidad, la Inmaculada…), como florecilla que ofrecer a la Virgen durante el mes de mayo. Incluso santo Domingo, cuando estaba moribundo, hizo la Confesión general de su vida ante 12 frailes. San Ignacio de Loyola, mientras se encontraba en el santuario de Montserrat, preparó por escrito su Confesión general: le dedicó tres días…

Pero ¿por qué confesar nuevamente los pecados ya perdonados?

Debe decirse de inmediato y con extrema claridad que los pecados confesados y absueltos en las Confesiones que ya hemos hecho han sido perdonados, y ciertamente no debemos poner en duda que hemos recibido el perdón de Dios mediante la absolución. Entonces, ¿para qué sirve la Confesión general? La Confesión general forma parte del camino de conversión permanente y de la lucha constante contra el pecado; nace de la revisión de la calidad de las Confesiones anteriores; se hace para recuperar culpas antiguas olvidadas o mal confesadas. Al respecto, san Francisco de Sales precisa: «A menudo ocurre que las confesiones habituales de los cristianos comunes están llenas de defectos: por lo general, se preparan poco o nada, no tienen la contrición requerida; es más, muchas veces van a confesarse con el propósito secreto de seguir pecando, ya que no tienen ninguna intención de evitar la ocasión ni de tomar las medidas oportunas para corregirse. En todos estos casos, la Confesión general es necesaria para sacudir el alma».
No pocos fieles se confiesan quedándose en un vago espontaneísmo, confundiendo el pecado con el malestar, la culpa moral con el malestar emocional, la Confesión con el relato de uno mismo. Pensemos también en los pecados de omisión (el bien que podíamos hacer y que decidimos no hacer), que a menudo tendemos a… ¡omitir de la lista de los pecados!
Por tanto, esta práctica, para quien sigue un camino auténtico de fe, sirve para «dar una sacudida», reavivar el arrepentimiento por el mal cometido, estimular una contrición mayor y realizar un acto de humildad al considerar los muchos pecados y las numerosas faltas de correspondencia a la gracia, dar gracias a Dios, reconociendo que solo de él vienen la salvación y el perdón.

¿Cómo prepararse para la Confesión general?

Para esta Confesión hay que prepararse claramente con un cuidadoso examen de conciencia, teniendo como “espejo” de comparación los diez mandamientos. También es muy útil leer las bienaventuranzas, que ayudan a realizar un profundísimo examen de conciencia y a revisar la propia vida mirándola con los ojos de la misericordia de Dios.
También hay que repasar las confesiones realizadas, pues, como dice don Bosco: «1. Por lo general, hay cosas olvidadas que después se descuidaron y en las que ya no se volvió a pensar. 2. Hay cosas a las que no se da mucha importancia, creyendo que no son un gran mal, pero que en realidad son verdaderas ofensas al Señor. Por eso hay que recordarlas, arrepentirse de ellas y confesarlas».
Cada uno puede elegir su propio método, pero lo importante es hacer un buen examen de conciencia, porque siempre hay que estar preparados antes de acudir al confesionario.
Además, es importante elegir a un confesor dispuesto a realizar este tipo de Confesión, porque requiere más tiempo y escucha también por parte del sacerdote.

Los efectos de la Confesión general

Los efectos de esta práctica son múltiples y de gran utilidad espiritual. Según san Francisco de Sales, la Confesión general «nos lleva a conocernos a nosotros mismos, nos provoca una saludable vergüenza de nuestro pasado, nos hace admirar la misericordia de Dios, que nos ha esperado con tanta paciencia; trae la paz al corazón, la serenidad al espíritu, suscita buenos propósitos, ofrece a nuestro padre espiritual la ocasión de darnos consejos más adecuados a nuestra situación real y nos abre el corazón a la sencillez confiada que nos hará ser muy sinceros en las confesiones que seguirán».
¡Miren cuántos efectos hermosos tiene la Confesión general! ¿Lo habrían imaginado?

¿Qué piensan de la Confesión general? ¿La han hecho? ¿Qué frutos ha producido en su vida?
¡Escríbelo en los comentarios!

¡Buen camino!


Érase una vez la Confesión general… ¿y hoy?

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