Los problemas de los jóvenes de hoy están dolorosamente a la vista de todos: a menudo están perdidos, sin puntos de referencia, y caen en las redes de la depresión o del alcohol, víctimas de las expectativas que la sociedad deposita en ellos.
Don Lorenzo Milani: un educador revolucionario
En este contexto, resulta valioso redescubrir el pensamiento y la obra de don Lorenzo Milani, sacerdote y educador florentino, nacido el 27 de mayo de 1923, que soñó y realizó una escuela para todos, una escuela libre.
Puesto en el índice primero por la Iglesia y después por el Estado, don Lorenzo es considerado hoy un verdadero profeta, un hombre de intuiciones geniales sobre la manera de vivir dentro del sistema escolar. “Su” escuela, la escuela de Barbiana, se revela hoy como un modelo útil para resolver los numerosos problemas que surgen en las aulas o dentro de nuestros oratorios.

En Barbiana: una escuela para todos
En una época no tan distinta de la nuestra, en la que había escuelas siempre abarrotadas de alumnos cansados de escuchar las mismas repeticiones y profesores agobiados por formalidades burocráticas; parroquias atascadas por un sistema de transmisión de la fe que pensaba en enseñar fórmulas mnemotécnicas, en lugar de una catequesis experiencial, don Lorenzo ve más allá, traza otro camino y se convierte en un profeta.
En primer lugar, denuncia las contradicciones de un sistema educativo fallido y después promueve el nacimiento de otra escuela, de otro tipo de educación.


En su escuela, fundada en Barbiana, don Milani acoge a los descartados, jóvenes y niños sin alternativas y rechazados por las escuelas institucionales, porque está convencido de que la peor pobreza es la privación de la educación. A los pobres hay que devolverles la palabra, que permite a los “enfermos” (como los llamaba el Prior de Barbiana) recuperar esa dignidad perdida. El momento más importante de la pedagogía y la didáctica del Prior está representado por la enseñanza de la lengua italiana, pero también de otras lenguas extranjeras como medio de comunicación. Pero no basta: la suya es una escuela a tiempo completo: cada momento era una ocasión para aprender y comprender el mundo con sus noticias de actualidad y el Evangelio.
Don Milani experimenta además una nueva técnica didáctica: la escritura colectiva, que permite a los chicos trabajar juntos con espíritu cooperativo. La cooperación se convierte en el motor de la escuela de Barbiana; no hay distinciones de roles, sino que reina un espíritu de colaboración. Este método de escritura colectiva permitirá redactar cartas para afirmar, como en Carta a los capellanes militares, lo absurdo de una guerra injusta; considerar las dinámicas de la verdadera justicia, como en Carta a los jueces; denunciar la marginación social de la clase más débil e indicar cómo se lleva a cabo una verdadera experiencia educativa, algo que ocurre en Carta a una maestra.

Su método: entre el Evangelio y la Constitución
El método experimentado por don Lorenzo consiste en prestar atención a todos los que acuden a su escuela. Los chicos, además de esforzarse en los estudios, se convierten en protagonistas: enseñan a los más pequeños y los animan a hacer preguntas para saciar su sed de conocimiento y vencer su timidez.
Don Lorenzo pretende garantizar los medios culturales para emanciparse de la subordinación socioeconómica; por eso considera el Evangelio un instrumento válido para los creyentes y la Constitución obligatoria para todos, con el fin de apoyar a los débiles y a quienes sufrían injusticias. Según su idea, la enseñanza obligatoria debe compensar y subsanar las desventajas de quienes viven en una familia pobre en cultura y recursos, tal como establece la Constitución.
Por eso la escuela de Barbiana promueve una ciudadanía activa y responsable, un ejercicio fundamental para apoyar la solidaridad y el bien común.
Don Lorenzo ofrece un testimonio inspirador de las ventajas de la cooperación, poniendo en el centro a la persona comprometida con crecer en sintonía con la comunidad, porque, al practicar la cooperación, nadie se sienta inútil: «No veremos florecer santos hasta que hayamos formado jóvenes que vibren de dolor y de fe al pensar en la injusticia social», eso decía, en eso creía, ¡y su pensamiento hoy está más vivo que nunca!
Don Antonino Maluccio



