Desde siempre estamos acostumbrados a conocer a Papá Noel como un simpático anciano de barba blanca y traje rojo que, durante la noche del 24 al 25 de diciembre, lleva regalos a todos los niños del mundo en su trineo volador tirado por renos.
Sin embargo, casi nadie conoce su verdadera historia, que se funde con la de un santo tan querido y venerado: san Nicolás.
Esta historia comienza alrededor del año 270 en Pátara de Licia, en la actual Turquía. San Nicolás era hijo de padres griegos, a quienes perdió a temprana edad. Al crecer, demostró una fuerte vocación religiosa. Se trasladó a Myra, donde fue ordenado sacerdote y posteriormente aclamado por el pueblo como nuevo obispo. Sufrió la persecución de Diocleciano, fue exiliado de la ciudad y posteriormente encarcelado, hasta que Constantino, mediante el Edicto de Milán, legalizó el culto en todo el Imperio. Fue liberado y pudo volver a ocupar su cargo en Myra. Probablemente participó en el Concilio de Nicea en 325. Terminó su vida en Myra, donde murió de viejo.
