chiamati alla santita

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Llamados a la santidad

santidad familiar

Elegidos por Dios para llegar a ser santos

¿A qué está llamada la familia? San Pablo responde diciendo que Dios «nos eligió antes de la creación del mundo para que fuéramos santos e inmaculados ante él en la caridad» (Ef 1,3-4). Es necesario, por tanto, que cada pareja y cada familia cristiana redescubra en el sacramento del Matrimonio, que la constituye y la funda, su vocación originaria e irrenunciable a la santidad: una vocación que se expresa y se realiza no fuera de la vida conyugal, sino dentro de las múltiples realidades y los diversos deberes del matrimonio.

La santidad: una llamada para todos

¿Qué es la santidad? El capítulo V de la Lumen Gentium, uno de los documentos más importantes del Concilio Ecuménico Vaticano II, declara la llamada universal a la santidad para todos; afirma con claridad que en la Iglesia todos los fieles están llamados a la santidad, nadie está excluido (nn. 39-40).
El papa Francisco no se cansa de animarnos en este sentido: «Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada a quienes tienen la posibilidad de mantenerse alejados de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo cada uno su propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde se encuentra. [….] ¿Estás casado? Sé santo amando y cuidando a tu marido o a tu mujer, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres trabajador? Sé santo realizando tu trabajo con honradez y competencia al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando pacientemente a los niños a seguir a Jesús» (Gaudete et Exsultate,14). 
La santidad no pasa solo por gestos o experiencias extraordinarios, sino que se realiza en la vida ordinaria, y cada uno está llamado a hacerse santo allí donde se encuentra.

Crecimiento diario en la gracia bautismal

Para todos los cristianos, pues, el camino de la santidad es un crecimiento diario en la gracia bautismal que nos lleva a una identificación progresiva con Cristo. La santidad consiste, por tanto, en afrontar la vida cotidiana y sus obligaciones partiendo de Cristo y de su Palabra. Es necesario, pues, reservar tiempo para la oración, porque equivale a cultivar una presencia, la del Padre, así como para la Eucaristía, para ofrecer al Señor nuestra vida y que Él la transforme. También es importante vivir la caridad, como signo de una verdadera apertura a la vida, y mirar a María y a los santos como modelos para comprender que es posible poner en práctica cuanto nos dice y nos pide el Evangelio.
Por tanto, santo no se nace, sino que se llega a ser día tras día con esfuerzo y dedicación, con la certeza de que nunca caminamos solos y de que siempre contamos con el apoyo de la gracia de Dios.

La santidad en la familia 

Pero ¿es posible la santidad en la familia? ¿Puede la familia convertirse en un camino de santidad? Al crear a la pareja, Dios reveló al ser humano su ser en comunión, una comunión realizada por los esposos mediante el sacramento del matrimonio, que se convierte en un don para la Iglesia y para el mundo. 
En Amoris laetitia, el papa Francisco dice que «el sacramento del matrimonio no es una convención social, un rito vacío o el mero signo externo de un compromiso. El sacramento es un don para la santificación y la salvación de los esposos» (n. 72) y, en el último capítulo, afirma: «Una comunión familiar vivida bien es un verdadero camino de santificación en la vida ordinaria y de crecimiento místico, un medio para la unión íntima con Dios» (n. 316). 
¿Cuál es el elemento central que caracteriza este camino? Es el amor conyugal. La pareja está llamada a crecer en el amor, de modo que este amor sea cada vez más revelación y testimonio del amor de Dios.
Por tanto, la santidad pasa por aquello que es específico de la vida conyugal y familiar: las relaciones y la comunión, el amor recibido y dado, la fecundidad y la educación de los hijos, el cuidado de los ancianos, la hospitalidad y la atención a los pobres, la oración y la liturgia doméstica, la misericordia y el perdón, la gracia de volver a empezar siempre, el valor de ser fieles en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad.

Ejemplos de santidad familiar

Que la santidad familiar se puede alcanzar lo atestiguan muchas parejas: la Iglesia las propone como modelos seguros de vida para animar a las familias a seguir fiel y activamente a Jesucristo, viviendo con autenticidad y coherencia su propia vocación matrimonial. 
Ante todo, los esposos Luigi y Zelia Martin, padres de santa Teresa de Lisieux, canonizados el 18 de octubre de 2015, y los esposos Luigi y Maria Beltrame Quattrocchi, proclamados beatos en 2001. Recordemos también a los venerables Domenica y Sergio Bernardini, a los siervos de Dios Ulisse y Lelia Amendolagine, Anna Maria y Marcello Inguscio, Francesco y Teresa Savilli, Rosetta y Giovanni Gheddo. 
Estas parejas vivieron el camino del matrimonio como una vía hacia la santidad. Una santidad casi siempre cotidiana, hecha de pequeños gestos, de oraciones y de mucha caridad hacia los necesitados y los más débiles. Vivieron el Evangelio hasta el final, haciendo de él su diario de cada día.

Pistas para la reflexión en pareja/en familia

• Llegar a ser santos «cada uno por su camino»: es la llamada de Dios a llegar a ser lo mejor de uno mismo. ¿Cuáles son los dones particulares que Dios me ha dado?
• Dios «nos guía para llegar a ser santos»: ¿cuándo me he sentido guiado en este camino hacia la santidad?
• ¿Ha habido acontecimientos, encuentros u ocasiones que me hayan mejorado o que hayan mejorado a nuestra familia?


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