Introducción
El belén clásico está compuesto por el Niño Jesús, María y José, acompañados muy a menudo por el buey y el asno. Se pueden añadir uno o varios pastores, con animales domésticos o con regalos, campesinos y otros personajes que representan distintos oficios (lavandera, ama de casa, panadero, carnicero, charcutero, herrero, zapatero…), además de los ángeles y, por último, los tres Reyes Magos.
Cada personaje tiene su propia ubicación, su postura y sus colores, pero también un significado muy preciso. Y los verdaderos apasionados del belén no pueden dejar de sentir curiosidad por aprender al menos alguno.
En este artículo haremos un breve recorrido por el significado de los personajes principales del belén.
Los ángeles: alabar y glorificar a Dios
Miríadas de ángeles llevan el anuncio esperado durante siglos: «Hoy les ha nacido un Salvador, que es Cristo, el Señor» (Lc 2,11).
La representación de los ángeles dentro del belén varía según la tradición transmitida en las distintas zonas de Italia.
Según la tradición del belén napolitano, se colocan sobre el establo y son tres: en el centro, el ángel “Gloria al Padre”, que sostiene la cinta con la inscripción “Gloria”; a la derecha, el ángel “Gloria al Hijo”, que sostiene un recipiente con incienso encendido; y a la izquierda, el ángel “Gloria al Espíritu Santo”, que toca la trompeta.
Algunos belenes presentan un único ángel que sostiene la cinta con la inscripción “Gloria” y que casi siempre se coloca sobre el establo o detrás de la cuna.
Pastores: velar en la oscuridad de la noche
Los pastores son los primeros en recibir la buena noticia del nacimiento de Jesús. Poseen poco o nada y se los considera entre las personas más humildes y pobres; trabajan de día y velan en la oscuridad de la noche para proteger su rebaño, permanecen atentos y están acostumbrados a lo esencial, siempre están en camino y, por eso, disponibles para lo nuevo; no hacen demasiados cálculos ni razonamientos y, por tanto, están preparados para la Navidad. Representan a todas aquellas personas que tienen un corazón dispuesto a acoger el acontecimiento de la Encarnación. Por eso, las figurillas representan pastores de todas las edades: niños, adolescentes, personas de mediana edad y ancianos. Dice el papa Francisco: «Los pobres y los sencillos del belén recuerdan que Dios se hace hombre para quienes más sienten la necesidad de su amor y piden su cercanía».
Su presencia en el belén pone de relieve las condiciones de pobreza en las que nació Jesús.
Al anuncio de los ángeles, los pastores responden poniéndose en camino hacia él y precisamente por eso los pastores se colocan en distintos puntos del belén, todos orientados hacia el establo, para representar su marcha incondicional hacia Jesús, hacia un encuentro de amor y de agradecido asombro.
María y José: obediencia y fidelidad
Todo belén nos muestra a la Virgen y a san José. La figurita de la joven madre María está colocada junto al pesebre, arrodillada o sentada, mientras contempla en silencio orante y adorador al Niño. Y también cobran vida sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38)
Junto a María encontramos a José, representado, por lo general, en edad avanzada para subrayar el hecho de que es un hombre justo, que siempre se ha confiado a la voluntad de Dios y la ha puesto en práctica.
Está de pie cerca de su familia o detrás de ella, sosteniendo en la mano una linterna luminosa o un bastón, para subrayar su papel de custodio del Redentor.
El Niño Jesús: pequeñez y asombro
El corazón del belén es el Niño. En Jesús, Dios se presenta en la fragilidad y la debilidad: yace sobre la paja de un pesebre colocado en un establo humilde como refugio de emergencia. En la gruta no hay nada grandioso: solo un pobre niño envuelto en pañales, con María y José, y unos pastores alrededor. Pero precisamente allí, en la pequeñez, está Dios. La pequeñez es el camino que él elige para llegar hasta nosotros, tocar nuestro corazón y salvarnos. Dios viene en las pequeñas cosas de nuestra vida, Dios habita nuestra vida cotidiana, en los gestos que realizamos en casa, en familia, en la escuela y en el trabajo. Dios asume nuestra fragilidad y nuestras heridas. Es en lo ordinario, en las pequeñas cosas de la vida, donde quiere realizar cosas extraordinarias.
Los Reyes Magos: en camino hacia Jesús
Estos tres personajes, que aparecen únicamente en el segundo capítulo del Evangelio de Mateo, se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle sus dones. Por eso entran en el belén desde el punto más alejado de la gruta y poco a poco se acercan, para llegar finalmente el 6 de enero, Epifanía del Señor.
Los Reyes Magos aparecen representados con rasgos físicos diferentes y, de hecho, simbolizan los tres continentes conocidos en aquella época: África, Asia y Europa.
Melchor, anciano y con una larga barba, representa Europa y lleva como regalo el oro, para honrar la realeza de Jesús.
Baltasar aparece como un hombre de mediana edad y representa Asia; lleva al niño Jesús el incienso, que simboliza su divinidad.
Gaspar, el más joven, es de tez oscura, representa a la población africana y lleva como regalo la mirra. Esta es una resina que se utilizaba en la antigüedad para los enterramientos. Esta característica simboliza la humanidad de Jesús, que experimentará el sufrimiento y la muerte.
Conclusión
Los personajes del belén cuentan la historia de la Noche Santa, nos hacen vivir el acontecimiento único y extraordinario del nacimiento de Jesús. Cada uno de ellos habla a nuestra vida y transmite virtudes particulares que nos ayudan a comprender el verdadero significado del nacimiento de Jesús.
No nos queda más que ponernos en camino hacia Belén, aunque el camino sea cuesta arriba, para encontrarnos con el amor de Dios que se hizo Niño. Contemplémoslo con humildad y amor, dejándonos atravesar el corazón por el asombro: Dios está con nosotros.
¿Con qué personaje te identificas y qué virtud quieres hacer tuya?
Escríbelo en los comentarios y ¡buen camino al encuentro de Jesús que viene!
