Enero es el momento propicio para fortalecer nuestro vínculo con el hermoso nombre de nuestro Señor. Solo el nombre de Jesús salva. Debemos crecer en esta conciencia y convertirnos en testigos de ella en nuestra vida cotidiana. Descubramos más.
«Cuando digo Jesús me siento fuerte»
El papa Francisco contó un recuerdo personal de un hombre, padre de ocho hijos, que invocaba siempre el nombre de Jesús. «Antes de salir, antes de ir a hacer cualquier cosa que tuviera que hacer, siempre susurraba para sí: “¡Jesús!”. Una vez -recuerda el Santo Padre- le pregunté: “¿Por qué dices siempre Jesús?”. “Cuando digo Jesús”, me respondió aquel hombre humilde, “me siento fuerte, siento que puedo trabajar, porque sé que él está a mi lado, que él me protege”».
Permanecer “sintonizados” con el Señor
En un mundo que avanza rápidamente, parece cada vez más difícil dedicar tiempo al Señor. A menudo llegamos al final del día lamentando haber dejado demasiado poco espacio para la oración. El papa Francisco nos recuerda que «quizá pueda ayudar ante esta dificultad, que es real, una práctica espiritual sabia, hoy un poco olvidada, que nuestros mayores, sobre todo las abuelas, conocen bien: la de las llamadas jaculatorias. El nombre está un poco pasado de moda, pero el contenido es bueno. ¿De qué se trata? De oraciones brevísimas, fáciles de memorizar, que podemos repetir a menudo durante el día, en el transcurso de las diversas actividades, para permanecer “sintonizados” con el Señor».
Pequeñas prácticas para honrar el Santísimo Nombre de Jesús
¿Cómo honrar entonces el Santísimo Nombre de Jesús? Podemos hacerlo repitiendo una jaculatoria que enseñaba san Josemaría Escrivá de Balaguer: «Jesús, Jesús, sé siempre Jesús para mí». También podemos celebrar la memoria del Santísimo Nombre de Jesús asistiendo a Misa el 3 de enero o a la adoración eucarística. Mientras rezamos, digamos con intensidad las palabras del Padre Nuestro «Santificado sea tu nombre», comprometiéndonos a vivir de acuerdo con esta enseñanza y ayudando a mantener santo el nombre de Dios. Nuestra misión como cristianos es difundir el perfume de este nombre entre quienes encontramos en nuestro camino.
A veces, las pequeñas prácticas cotidianas pueden convertirse en anclas de salvación y momentos de reflexión espiritual. Basta poco para permanecer «sintonizados» con Jesús. A veces basta simplemente con repetir su nombre.
¿Y tú cómo honras el nombre de Jesús? Puedes compartir tu experiencia en los comentarios.
