Los santos Joaquín y Ana son los padres de María y, por tanto, los abuelos de Jesús. Sin embargo, resulta extraño que no haya rastro alguno en los Evangelios canónicos de estas dos figuras, ciertamente importantes para la historia de la salvación. La información que tenemos sobre ellos procede de los evangelios apócrifos y de la tradición.
Recientemente, el papa Francisco quiso «poner en valor» a estos santos esposos instituyendo, en 2021, el Día Mundial de los Abuelos y de los Ancianos, que se celebra el cuarto domingo de julio (por tanto, cerca del día 26, su memoria litúrgica). Así, el recuerdo de Joaquín y Ana se convierte cada año en una ocasión para redescubrir la familia como lugar privilegiado de transmisión de la fe y, dentro de ella, el papel insustituible de los abuelos, con su extraordinaria y valiosísima contribución de experiencia y humanidad.


El diálogo y el encuentro entre generaciones, especialmente dentro de la familia, como recordaba el papa Francisco en 2013, es un tesoro que debemos conservar y alimentar, porque «los niños y los ancianos construyen el futuro de los pueblos; los niños porque llevarán adelante la historia, y los ancianos porque transmiten la experiencia y la sabiduría de su vida». Sin duda, son muchas las dificultades que vive la sociedad actual y que, al repercutir en la vida familiar, pueden hacer difícil o incluso, a veces, totalmente inexistente este diálogo dentro de la familia.
¡No dejemos escapar esta riqueza, aunque a veces requiera un poco de paciencia! Valoremos lo que nuestros mayores todavía pueden darnos, creando con ellos momentos de escucha, de compartir y de oración: no estamos perdiendo el tiempo… estamos construyendo nuestro futuro…


