Ante los problemas que el mundo contemporáneo nos presenta, podemos reaccionar poniendo en práctica diversas acciones virtuosas, pero a veces estas no son suficientes y nos sentimos impotentes. Nos equivocamos si pensamos que las desgracias que afligen a la humanidad pueden resolverse únicamente con las fuerzas humanas. La Virgen, en Fátima, nos dio un poderoso remedio contra las fuerzas del mal y no debemos considerar superado su mensaje. Al contrario, hoy es más actual que nunca.
La gran promesa del corazón inmaculado de María
El 13 de junio de 1917, durante la segunda aparición, la Virgen dijo a sor Lucía: «Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi corazón inmaculado». Sor Lucía relata: «Delante de la palma de la mano derecha de la Virgen había un corazón coronado de espinas que parecían estar clavadas en él. Comprendimos que era el corazón inmaculado de María, ultrajado por los pecados de la humanidad».
Las revelaciones a sor Lucía fueron decisivas para la difusión del culto al corazón inmaculado y lo enriquecieron con el aspecto reparador, que se expresa en la devoción de los cinco primeros sábados del mes, mediante la cual se ofrece reparación por las ofensas al corazón de María santísima en beneficio de las almas de los pecadores. En efecto, el 13 de julio de 1917, en Fátima, la Virgen dijo a los pastorcitos: «Habéis visto el Infierno adonde van a parar las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, el Señor quiere establecer en el mundo la devoción a mi corazón inmaculado. Si se hace lo que os diré, muchas almas se salvarán y habrá paz».

Los cinco primeros sábados del mes: una gran oportunidad
La propia sor Lucía sigue relatando: «El 10 de diciembre de 1925 se me apareció en la habitación la Santísima Virgen y, a su lado, un Niño, como suspendido sobre una nube. La Virgen le tenía la mano sobre los hombros y, al mismo tiempo, sostenía en la otra mano un corazón rodeado de espinas. En ese momento, el Niño dijo: “Ten compasión del corazón de tu Madre santísima, cubierto de espinas que los hombres ingratos le clavan continuamente, mientras no hay quien haga actos de reparación para arrancárselas”. Y enseguida la Santísima Virgen añadió: “Mira, hija mía, mi corazón rodeado de espinas que los hombres ingratos le infligen continuamente con blasfemias e ingratitudes. Consuélame al menos tú y haz saber esto: a todos aquellos que durante cinco meses, el primer sábado, se confiesen, reciban la santa Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos meditando los misterios, con la intención de ofrecerme reparación, les prometo asistirlos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación”».

Es el Señor mismo quien quiere iluminar la devoción y el culto al corazón de su Madre y de la humanidad. En efecto, el 15 de febrero de 1926, mientras llevaba la basura del jardín, Lucía se encontró con un muchacho que le preguntó: «¿Has difundido por el mundo lo que la Madre celestial te había pedido?». Y, en ese momento, se transformó en un niño resplandeciente.
¿Qué se debe hacer para adherirse a los cinco primeros sábados del mes?
- La Confesión celebrada dentro de los ocho días anteriores al primer sábado del mes, con la intención de reparar las ofensas cometidas contra el Corazón Inmaculado de María, intención que puede expresarse al confesor después de haber confesado los propios pecados y manifestado el propósito de no volver a cometerlos. Si en la Confesión se olvida expresar dicha intención, puede formularse en la Confesión siguiente.

2. Recibir la Comunión precisamente el primer sábado del mes, con la intención de reparar las ofensas cometidas contra el Corazón Inmaculado de María.
3. Rezar la corona del Rosario, al menos un tipo de misterios: gozosos, luminosos, dolorosos o gloriosos, con la misma intención de la Confesión.
4. Hacer compañía a la Santísima Virgen durante un cuarto de hora, meditando los misterios del Rosario.
¿Por qué precisamente cinco?
Un confesor de Lucía le preguntó por qué el número cinco. Ella se lo preguntó a Jesús, quien le respondió: «Se trata de reparar las cinco ofensas directas al Corazón Inmaculado de María:

1. Las blasfemias contra su Inmaculada Concepción.
2. Las blasfemias contra su virginidad.
3. Las blasfemias contra su maternidad divina y el rechazo a reconocerla como Madre de los hombres.
4. La obra de quienes inculcan públicamente en el corazón de los pequeños la indiferencia, el desprecio e incluso el odio hacia esta Madre inmaculada.
5. La obra de quienes la ofenden directamente en sus imágenes sagradas».
La consagración al Corazón Inmaculado de María
Los primeros cinco sábados son una excelente preparación para la consagración al Corazón Inmaculado de María. Sor Lucía escribe: «Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado para llevar a las personas a una plena consagración de conversión y entrega, a una íntima estima, veneración y amor. Todos sabemos lo que representa, en una familia, el corazón de la madre: ¡es el amor! Todos los hijos confían en el corazón de su madre, y todos saben que en él tienen un lugar de íntima predilección. Lo mismo sucede con la Virgen María. Por tanto, el corazón de María es, para todos sus hijos, el refugio y el camino hacia Dios».
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