La enfermedad es sin duda una realidad difícil de vivir y afrontar para quien está enfermo, pero también para los familiares que deben cuidarlo.
Es como un tsunami que trastoca ritmos y hábitos, arrasando con lo cotidiano: lo que antes se daba por sentado ya no lo es, y hay que enfrentarse al miedo, al cansancio, al dolor…
Con este artículo queremos ofrecer una pequeña guía que sirva de ayuda y apoyo para quienes cada día desempeñan la labor de cuidador, es decir, de quien apoya y cuida a un familiar enfermo.
Sé consciente de que no estás solo: ¡busca apoyo!
No cometas el error de pensar que estás solo: ante los grandes desafíos que nos plantea la vida, es bueno saber que los demás pueden acompañarnos en el camino. Si se te pide que seas fuerte en casa para transmitir confianza a la persona enferma, debes saber que puedes encontrar apoyo en otras personas para recargar energías: ábrete con tus familiares y amigos, o busca un grupo de apoyo con el que compartir tus experiencias. Pide y acepta ayuda: reconocer tus propios límites y dejarte ayudar es señal de sabiduría, no de debilidad.

Tómate tiempo para ti
Cuidar a una persona enferma también significa sacrificarse y renunciar a los propios espacios, pero sigue siendo esencial para ti, que cuidas, y también por el bien de la persona enferma, que encuentres la manera de reservar tiempo para ti: esto te permitirá “recargar las pilas” y volver junto a tu familiar enfermo con más energía positiva que transmitirle.
Establece una rutina
Cuando la enfermedad entra en un hogar, la rutina se altera temporalmente, pero después, cuando se empieza a “vivir juntos” con la enfermedad, es conveniente organizar una rutina diaria que sea predecible y útil tanto para ti, que cuidas, como para la persona enferma. Se trata de crear pequeños “rituales” que marquen los momentos y proporcionen seguridad y estabilidad a ambos.

Comunícate abiertamente con la persona enferma
La palabra tiene el poder de salvar, porque significa contacto humano y vida: por eso, mantén una comunicación abierta y activa con la persona atendida. Aunque la enfermedad pueda limitar la respuesta, el simple acto de hablar puede ser reconfortante y mantener fuerte el vínculo.
Dedica tiempo cada día a la oración personal
La oración puede ser un oasis de consuelo y fortaleza: reza el Rosario o asiste a la misa diaria; reserva un momento del día para descansar el corazón “cara a cara” con el Señor.
Documenta los momentos positivos
Lleva un diario o crea un álbum de fotos que documente los momentos positivos, las risas y las pequeñas victorias durante el proceso. Estos recuerdos pueden convertirse en una fuente de inspiración y alegría en los momentos difíciles.

Sé amable contigo mismo
Cuidar a un enfermo es un compromiso importante, valioso y duro… No te castigues por un momento de cansancio o por una respuesta brusca; compréndete también a ti mismo y sé amable, reconociendo el bien que consigues hacer día tras día.
Planifica el futuro
En la medida de lo posible, planifica el futuro: por ejemplo, desarrolla un plan de asistencia a largo plazo o toma decisiones sobre los cuidados. Una planificación cuidadosa de los distintos pasos necesarios puede ayudar a reducir la incertidumbre y el estrés.
El cuidador es una figura clave para el enfermo, pero para cuidar con el corazón, quien asiste debe pensar también en el bienestar de su propio corazón, tan afectado por la enfermedad de la persona que ama.
Por el bien de quien amas, ¡no olvides cuidarte!
En este camino de cuidado y asistencia, puedes acercarte a un santo que hizo de la asistencia su misión de vida: san Juan de Dios, fundador de la Orden Hospitalaria conocida como “Hermanos de San Juan de Dios”.
Él recorría las calles y las plazas gritando: «Haceos el bien, hermanos, a vosotros mismos», precisamente al hacer el bien a los demás.
Hagámonos entonces el bien a nosotros mismos, permaneciendo junto a las personas que amamos y acompañándolas en un tramo sin duda difícil, pero también valioso, como cada momento de la vida.

Si quieres compartir con nosotros tu experiencia como cuidador, estaremos encantados de escucharte. Si lo consideras útil, te invitamos a buscar asistencia profesional o apoyo… ¡No te aísles, no estás solo!

