Cada vida es importante: la que está brotando en el seno de una mujer, la que está a punto de terminar su camino terrenal, la que vive cada día las dificultades de la discapacidad, la de los últimos del mundo, de los pobres, de los marginados y de los migrantes.
Para recordar y recordarnos esto, el primer domingo de febrero de cada año, la CEI (Conferencia Episcopal Italiana) promueve la Jornada por la Vida, que se celebra a nivel nacional desde 1978. Es una ocasión de oración y sensibilización sobre los temas relacionados con la defensa de la vida y la ayuda a la maternidad y la paternidad.
En estos dos años, más que nunca, hemos descubierto en nuestra propia piel cuánto vale cada vida; precisamente por eso, los obispos han incluido en esta jornada, tradicionalmente vinculada a la oración, al compromiso y al apoyo a la vida naciente, la «custodia» de cada vida y el apoyo a las familias.
Por motivos relacionados con la pandemia, no será posible organizar en las diócesis misas con niños ni eventos multitudinarios, pero cada familia, cada parroquia y cada grupo de oración puede comprometerse a rezar por las parejas que tienen dificultades para ver cumplido su deseo de tener un hijo, por las familias que están esperando un hijo o que hace poco han tenido la alegría de un nacimiento, por las familias y por los enfermos.
Solo volviendo a poner al ser humano como tal en el centro de nuestras comunidades, «podremos afirmar así -declaran los obispos- que la lección de la pandemia no habrá sido en vano».
La vida es uno de los milagros de Dios, ¡custodiémosla!









