Quiere destruir la Iglesia; esa es la obsesión de Bruno Cornacchiola. Sufre la influencia de un amigo que pertenecía a la secta protestante de los «Adventistas del Séptimo Día», quien inculca en él el odio hacia la Iglesia y el Papa. Tira todas las imágenes piadosas que su esposa había colocado en su casa, incluido el crucifijo que estaba en su dormitorio. Prohíbe a sus hijos asistir al catecismo.

La inesperada conversión gracias a la intervención de la Madre Celestial
De perseguidor de la Iglesia, Bruno Cornacchiola se convierte en defensor del Evangelio gracias a un acontecimiento extraordinario del que es protagonista.
Estamos en un día de abril de 1947, en el lugar llamado Tre Fontane (Roma). Bruno Cornacchiola, después de dar un paseo, se sienta a escribir un extenso artículo contra la Virgen María. Sus tres hijos van a jugar con la pelota y se alejan de él. Al no verlos regresar, se preocupa y se pone a buscarlos.
Los encuentra delante de la entrada de una gruta, cuyo interior contemplan extasiados; los oye decir: «Bella Señora, bella Señora…». Tienen el rostro pálido y el padre está asustado. Bruno piensa en algún maleficio, en las brujas, en el diablo o en algún sacerdote que haya hipnotizado a los niños. Entra en la gruta y también él, en ese momento, se siente atraído por una luz dorada y comienza a decir: «Bella Señora, bella Señora…». Él mismo lo cuenta: «Poco a poco la oscuridad se atenuó y dejó pasar una ligera luz que crecía y se intensificaba hasta iluminar toda la gruta […]. En ese momento, ya no vi ni la cavidad ni lo que podía contener, sino que me llené de una alegría extraordinaria».

«Ya basta. Regresa al santo redil»
Bruno entra en éxtasis, se arrodilla y la Virgen le dice: «Tú me persigues. Ya basta. Regresa al santo redil […]. Recen y recen diariamente el Rosario por la conversión de los pecadores, de los incrédulos y por la unidad de los cristianos». Luego le dice que sea prudente y, antes de dictarle un mensaje secreto para entregar al Santo Padre, le dice que «¡la ciencia renegará de Dios!». Después le hace muchas revelaciones sobre la Iglesia y la fe. Le dice que «los hombres ya no creerán… que muchas cosas se cumplen hoy y que otras aún tendrán que cumplirse…», le dice que «entre quienes oigan contar esta visión habrá algunos que no le creerán», pero lo exhorta a no desanimarse.
La Virgen se aparece
Al final del encuentro, la Virgen se presenta a Bruno con estas palabras: «Yo soy la que está en la Trinidad divina. Yo soy la Virgen de la Revelación. Antes de marcharme te digo esto: la Revelación es la Palabra de Dios, esta Revelación habla de mí. Por eso tengo este título: Virgen de la Revelación».
Ese mismo día Bruno graba en la roca: «En esta gruta se me apareció la Madre divina. Ella me invita amorosamente a regresar a la Iglesia católica, apostólica y romana».

Una conversión ya imparable
La conversión de Bruno es ya firme e imparable. Incluso logra acudir ante el papa Pío XII y le pide perdón porque anteriormente había tenido la intención de matarlo.
En 1978 también se encuentra con Juan Pablo II, quien le habría dicho: «Tú has visto a la Madre de Dios, por tanto debes convertirte en santo».
El 23 de febrero de 1982, la Virgen vuelve a aparecerse a Bruno para pedirle la construcción de una “casa-santuario” en su honor, para que «los sedientos y cuantos están exhaustos» puedan encontrar allí «el amor, la comprensión, el consuelo: el verdadero sentido de la vida».
Después, la Virgen dijo: «Aquí, en esta gruta donde me he aparecido varias veces surgirá el santuario de la expiación, como si fuera el purgatorio en la Tierra. Habrá una puerta con el significativo nombre de “puerta de la Paz”. Todos tendrán que pasar por esta puerta».

«La Virgen fue para mí una educadora»
Bruno Cornacchiola contó por todas partes lo que le había sucedido y se convirtió en un apóstol de María. Dijo: «La Santísima Virgen fue para mí una educadora insuperable, que no se limitó a formarme en una sólida cultura catequética, sino que también me ayudó a convertirme en su testigo. Quien encuentra a María encuentra a Jesús: el Camino, la Verdad y la Vida. Encuentra la vida y la gracia en la Iglesia de la Salvación, el Cuerpo Místico de Cristo. Y también encuentra en ella a la Madre de la Iglesia».
Las apariciones de la Virgen en las “Tres Fuentes” fueron estudiadas minuciosamente por el Vaticano, especialmente por Pío XII, quien recibió varias veces en audiencia privada a Bruno Cornacchiola y bendijo la estatua que después fue colocada en la gruta.
En la misma gruta, diez años antes de las apariciones a Cornacchiola, la Virgen se había aparecido a una joven a quien se le reconocían dones carismáticos excepcionales. La Virgen le habría dicho: «Dentro de diez años volveré a aparecer, en esta gruta, a un no creyente, a un enemigo de la Iglesia y del Papa».



