El 24 de octubre de 2024, el Papa entregó a la Iglesia y al mundo su cuarta encíclica, Dilexit nos. Sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo. En un tiempo marcado por grandes violencias, Francisco sintió la urgencia de volver a hablar del amor partiendo de su fuente: el Corazón de Jesús.
El amor que salva
Después de que fuimos llamados a reflexionar sobre la creación (Laudato si’) y sobre la fraternidad universal (Fratelli tutti), el Papa nos regaló una larga y bellísima meditación sobre el amor que salva, el amor que redime, el amor que, sin hacer distinciones, se entrega gratuitamente por todos. Y él mismo subraya una clara continuidad entre lo que escribió ayer y lo que ha escrito hoy: «Lo que expresa este documento permite descubrir que cuanto está escrito en las Encíclicas sociales Laudato si’ y Fratelli tutti no es ajeno a nuestro encuentro con el amor de Jesucristo, porque, al beber de este amor, nos volvemos capaces de tejer lazos fraternos, de reconocer la dignidad de cada ser humano y de cuidar juntos nuestra casa común» (n. 217).

Qué mensaje para la Iglesia y para el mundo
El mensaje que Francisco dio y sigue dando a la Iglesia y a toda la familia humana nace de una única fuente, presentada de la manera más clara y directa: Cristo Señor y su amor por toda la humanidad. La verdad por la que el Papa entregó y sigue entregando su vida: «Vayamos al Corazón de Cristo… que es un horno ardiente de amor divino y humano y es la máxima plenitud que puede alcanzar el ser humano» (n. 30).
Del Corazón de Cristo, gestos y palabras de amor
Francisco conoce la soledad y la desorientación del hombre contemporáneo y por eso ha querido recordarle aquello que, a menudo, se nos escapa en la carrera estéril de la vida cotidiana: «Dios no nos ama con palabras, se acerca y, al estar cerca de nosotros, nos da su amor con toda la ternura posible» (n. 36). «Cuando nos parece que todos nos ignoran, que a nadie le interesa lo que nos sucede, que no somos importantes para nadie, Él está atento a nosotros» (n. 40).
En el centro de todo, el amor
La secularización no se detiene; al contrario, sigue avanzando, alimentada por el combustible de la supuesta emancipación que continúa engañando a quienes piensan que, para que el mundo sea verdaderamente habitable, debe liberarse de Dios. Frente a este engaño mortal, Francisco nos devuelve al centro, a la verdad de un Dios que se hace hombre, se hace carne, ama con un corazón semejante al nuestro para hacernos sentir amados y para hacernos, a nuestra vez, capaces de amar en unión con su Corazón humano y divino. Solo al volver al Corazón de Cristo y, con él, a nuestro corazón, el mundo podrá ser ese hogar común en el que los hombres -todos hermanos- depongan las armas y se reconozcan hijos de un único Padre.

El papa Francisco, con Dilexit nos, ha puesto en nuestras manos un tesoro único y valioso. Un tesoro que, al recurrir a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, nos ha llevado de nuevo al centro del mensaje cristiano: el amor; el amor verdadero, el que no es envidioso, no presume, no se llena de orgullo, no falta al respeto, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se complace en la verdad. El Amor que todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El Amor que nunca tendrá fin.
¿Y tú ya conocías esta nueva encíclica? ¿Crees que volver al Sagrado Corazón de Jesús puede ser la clave para aspirar a un mundo en el que la violencia y la guerra ya no tengan cabida? ¡Dínoslo en los comentarios!


