essere padri e madri oggi

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Ser padres y madres hoy

Familia

El poder de un amor que genera

Existe una llamada bellísima y poderosa a convertirse en padres y madres. Esta llamada consiste en compartir con Dios el poder de un amor que genera vida, en la carne y en el espíritu. 
El camino hacia la santidad, emprendido por un papá o una mamá, pasa por el crecimiento de su amor mutuo y del amor que brindan a sus hijos.
 La llamada a ser padres y madres durará toda la vida y en toda circunstancia. El amor de un hombre y una mujer siempre es fecundo, incluso cuando no hay hijos o cuando los padres envejecen. En efecto, los esposos siempre pueden engendrar hijos de Dios.
En su ser padres y madres se encuentra su propio camino de santidad; descubrámoslo a través de las palabras del papa Francisco tomadas de Amoris Laetitia.

Un amor misericordioso y compasivo

En el libro del Éxodo, el Señor revela a Moisés la cualidad de su amor: «El Señor, el Señor, Dios misericordioso y compasivo, lento a la ira y rico en amor y fidelidad, que conserva su amor por mil generaciones, que perdona la culpa, la transgresión y el pecado» (Ex 34,6-7).
Los dos términos “misericordioso” y “compasivo” en hebreo son raham y hesed. Ambos significan amor, misericordia, pero con diferencias importantes que nos ayudan a comprender cómo es el camino de la santidad a través del amor de un papá y una mamá.
Ḥesed es el término más utilizado en el Antiguo Testamento para indicar la misericordia y el amor. Se trata de una ternura hecha de fidelidad, seguridad y confianza; es un amor que confirma y acompaña, que no abandona, que permanece firme y brinda seguridad.
 Raḥam proviene de “rehem”, que en hebreo indica el útero, el lugar en el que se forma y crece la vida del hijo: es un amor que forma el cuerpo, custodia, protege, nutre y acoge la existencia de otra persona.
Así se nos revelan dos dimensiones del amor de Dios: la paterna-masculina y la materna-femenina. El amor masculino está impregnado de una energía tierna pero poderosa y activa; el amor femenino, en cambio, genera, construye y nutre a partir de un vínculo visceral. Mamá y papá son para sus hijos la concreción de este amor: «Ambos, hombre y mujer, padre y madre… muestran a sus hijos el rostro materno y el rostro paterno del Señor» (Amoris laetitia 174).



Ser madre

Ser madre no significa simplemente dar a luz a un hijo, sino elegir entregarse, dar la vida.
«Una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana, porque las madres saben dar testimonio siempre, incluso en los peores momentos, de ternura, entrega y fortaleza moral. Las madres transmiten a menudo también el sentido más profundo de la práctica religiosa: en las primeras oraciones, en los primeros gestos de devoción que aprende un niño, está inscrito el valor de la fe en la vida de un ser humano. Es un mensaje que las madres creyentes saben transmitir sin muchas explicaciones: estas llegarán después, pero el germen de la fe está en esos primeros momentos, tan valiosos. Sin las madres, no solo no habría nuevos fieles, sino que la fe perdería buena parte de su calidez sencilla y profunda» (Amoris laetitia 174).

Ser padre

La figura del padre es tan significativa como la de la madre: «Un padre, con una identidad masculina clara y feliz, que a su vez una en su trato hacia la esposa el afecto y la acogida, es tan necesario como los cuidados maternos. […] La presencia clara y bien definida de ambas figuras, femenina y masculina, crea el ambiente más adecuado para la maduración del niño» (Amoris laetitia 175).
«Dios pone al padre en la familia para que, con las valiosas características de su masculinidad, esté cerca de su esposa, para compartirlo todo, alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Y para que esté cerca de sus hijos en su crecimiento […]. Los hijos necesitan encontrar a un padre que los espere cuando regresan de sus fracasos. […] No está bien que los niños se queden sin padres y dejen así de ser niños antes de tiempo» (Amoris laetitia 177).



Realizar la maternidad y la paternidad de una manera muy generosa

Incluso cuando «muchas parejas de esposos no pueden tener hijos […] la maternidad […] se expresa de diversas maneras» (Amoris laetitia 178). Existe, por ejemplo, la posibilidad de la adopción, que «es un camino para realizar la maternidad y la paternidad de una manera muy generosa… Adoptar es el acto de amor de dar una familia a quien no la tiene» (Amoris laetitia 179). La elección de la adopción no es un tipo de vínculo secundario ni un recurso de último momento, sino una de las formas más elevadas de amor y de paternidad y maternidad.
La misión de la familia implica en sí misma esta apertura a la vida, con el estilo de esa acogida y custodia que sabe dar sentido al amor de la pareja y esperanza a quien necesita un amor parental.

Puntos de reflexión para la pareja/familia

• Volvamos a leer las palabras del papa Francisco y reflexionemos sobre nuestro ser padre o nuestro ser madre.
• El amor de los esposos también es fecundo al generar hijos de Dios, al ser padres y madres espirituales de sus propios hijos y de cada persona que encontramos, brindándoles el amor tierno, acogedor, firme y seguro de Dios Padre. ¿Cuáles son los hijos espirituales que Dios nos confía en este momento de nuestra vida?

Ser padres y madres hoy

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