fatima una finestra di speranza per il nostro tempo

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Fátima: una ventana de esperanza para nuestro tiempo

Virgen de Fátima

Hay lugares y momentos de la historia que parecen rasgar el velo de lo cotidiano, ofreciendo una mirada a una realidad más profunda, una invitación que resuena a través de las décadas. Fátima es uno de esos lugares.

Aquel 13 de mayo de 1917…

Era el 13 de mayo de 1917 cuando, en un pequeño pueblo de Portugal, tres niños que cuidaban de sus ovejas tuvieron un encuentro extraordinario. Lucía Dos Santos, Francisco y Jacinta Marto, primos y amigos, vieron un resplandor en el cielo, como un relámpago. Pero lo que siguió fue mucho más que un fenómeno natural. Cerca de una encina, vieron a una Señora vestida de blanco, inmersa en una luz resplandeciente, con el rosario entre las manos.
Sus primeras palabras fueron un bálsamo para el corazón asustado de los pequeños: «No tengáis miedo. No os hago daño». Y cuando Lucía preguntó de dónde venía, la respuesta fue sencilla, pero potentísima: «Soy del cielo». Este anuncio orientó la vida de los tres niños hacia un deseo ardiente de aquel lugar de luz, donde podrían encontrarse con Dios y contemplarlo. Desde aquel día, desearon el cielo no solo para sí mismos, sino para cada persona en la tierra.
Las apariciones continuaron durante los meses siguientes, siempre el día 13. A través de estos encuentros, la Señora del cielo entregó a los pastorcitos mensajes cruciales para la humanidad. Su núcleo fundamental es un vibrante llamamiento a la conversión, la oración y la penitencia. Como una tierna Madre, la Virgen llamaba a los hombres hacia sí.

Una profecía de esperanza

Pero el mensaje de Fátima es, sobre todo y de manera poderosa, una profecía de esperanza. En una época como la nuestra, en la que a menudo depositamos nuestras esperanzas en realidades efímeras como las ideologías, las riquezas, el poder, la vanidad, el éxito, la belleza o la salud, que nos engañan y nos vacían, Fátima nos recuerda dónde encontrar el verdadero ancla. Estas esperanzas terrenales, basadas en el progreso técnico-científico o únicamente en nuestras capacidades, confunden la mente y el corazón, debilitando la vida misma y haciéndonos incapaces de amar de verdad.
El mensaje de Fátima, como afirmó Benedicto XVI, es «como una ventana de esperanza que Dios abre cuando el hombre le cierra la puerta». Nos enseña que nuestra esperanza debe depositarse en aquello que realmente puede ayudar a vivir y dar sentido a nuestra existencia: el deseo de Dios, fin último de nuestra vida. Porque ¿de qué sirve ganar el mundo entero si después se pierde el alma? Hemos sido creados con la capacidad de ir más allá de una esperanza puramente humana; necesitamos recuperar la esperanza en la resurrección y en la vida eterna, que se fundamenta en la resurrección de Cristo mismo.

Apuntar al cielo

Pensar en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Esta es la invitación central. Mirar al cielo no como una fuga, sino como nuestra morada eterna y garantía de nuestra felicidad futura. Esto requiere que nos apoyemos no solo en nuestras propias fuerzas, sino en la ayuda de la gracia del Espíritu Santo.
La invitación a esperar, en el mensaje de Fátima, está dirigida a todo hombre, a cada «pobre pecador». La Santísima Virgen nos impulsa a librar la batalla de nuestra vida en nombre del amor de Dios y mediante su fuerza. Es este amor el que nos hace comprender por qué vale realmente la pena luchar: por la vida eterna, una vida en plenitud y abundancia.
Por tanto, la esperanza que nos enseña Fátima no es un optimismo genérico, sino una virtud teologal, un don recibido en el Bautismo, que es confianza en Dios y conciencia de nuestros límites; nos permite depositar en Él todas nuestras expectativas y preocupaciones, haciéndonos dóciles y agradecidos. También en la prueba, esta esperanza nos consuela y nos hace percibir que lo único importante es dejarnos guiar por Dios. Es una virtud del camino, que nos da alegría incluso en el esfuerzo, porque tenemos la certeza de la meta. Una meta tan grande que justifica cualquier esfuerzo: el cielo.

Buscar las cosas de arriba

Como los pequeños videntes, que guiados por la cruz de Cristo caminaron hacia la patria eterna, también nosotros estamos llamados a buscar las cosas de arriba, donde se encuentra Cristo. El papa Francisco, en el centenario de las apariciones, nos recordó que tenemos una Madre en María y que nuestra esperanza se apoya en Jesús.

Hoy, como entonces, el mensaje de Fátima resuena con fuerza. En un mundo afanado tras ilusiones pasajeras, Fátima continúa indicándonos el camino hacia la vida en plenitud, la verdadera morada de nuestra alma.

Fátima: una ventana de esperanza para nuestro tiempo

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