Hay una figura que brilla en el firmamento de la santidad y que es conocida en todos los rincones del mundo. Su nombre es Rita de Casia y su basílica en Umbría atrae a más de un millón de peregrinos cada año. Sin embargo, su historia oculta hechos increíbles que (quizá) nunca hayas oído. Descubre las curiosidades de una vida extraordinaria, desde la espina de su frente hasta su cuerpo jamás sepultado.
La documentación histórica sobre ella es casi inexistente
Los libros sobre ella se imprimen en millones de ejemplares y en todos los idiomas. Sin embargo, a pesar de ser conocidísima, la documentación histórica sobre ella es casi inexistente. No existen biografías escritas por sus contemporáneos ni testimonios directos de quienes la conocieron en vida. Las primeras biografías se remontan a siglos después de su muerte y se basan principalmente en el texto del agustino padre Agostino Cavallucci de 1610, que a su vez se fundamenta en la tradición oral y en unas pocas fuentes iconográficas. Entre las poquísimas fuentes más o menos coetáneas se encuentran la inscripción y las imágenes de la «caja solemne» (1457), el «Codex miraculorum» (1457) y un lienzo con episodios de su vida (hacia 1480). Este contraste entre una fama inmensa y la escasez de fuentes históricas hace que la figura de Rita sea aún más misteriosa y digna de ser descubierta.
La fecha de nacimiento es incierta
El lugar de nacimiento es sin duda Roccaporena, una aldea montañosa situada a unos cinco kilómetros de Casia (provincia de Perugia), que en aquella época era uno de los castillos gibelinos que formaban parte del territorio de Casia.
En cambio, se desconoce la fecha exacta del nacimiento de santa Rita de Casia, debido al silencio de las fuentes históricas. Aunque algunos biógrafos indican 1381, otros sostienen que nació en 1380 y otros incluso al menos 10 años antes; entre estos últimos se encuentra el padre Agostino Cavallucci.
Las fechas de nacimiento, 1381, y de muerte, 1457, fueron reconocidas oficialmente por el papa León XIII cuando proclamó santa a Rita el 24 de mayo de 1900.
El nombre es «insólito»
¿Cuál es su verdadero nombre? Teniendo en cuenta la época en la que nació, probablemente, su verdadero nombre es Margarita, abreviado como Rita.
Según el padre Agostino Cavallucci, el nombre se debe a que la madre, al ser ya de edad avanzada, en el momento del parto -que ponía en peligro tanto la vida de la madre como la de la recién nacida- recurrió a los santos protectores del parto. Entre ellos, durante toda la Edad Media, además de santa Ana -a quien todavía se invoca-, estaba santa Margarita, virgen y mártir, en cuyo honor se levantaba en Casia un monasterio femenino benedictino. Por tanto, la elección del nombre Rita podría expresar el agradecimiento por el feliz desenlace del parto.
El compromiso y el matrimonio
También para la joven Rita llega el momento de formar una familia. El joven elegido por sus padres se llama Paolo di Ferdinando Mancini y en muchísimas biografías se lo describe como un marido tosco y violento. Probablemente era un hombre de armas, de carácter fuerte e irascible, que no rehuía las disputas. El matrimonio tuvo lugar hacia 1395, cuando Rita tenía unos 15 años. Era una mujer de gran fe, pero también muy práctica, que, con su mansedumbre y paciencia, conduce a su marido a vivir de un modo más auténticamente cristiano.
Rita fue una mujer de paz, capaz de no rendirse nunca ante las dificultades, de buscar sanar toda división dentro de su familia y en la comunidad de Roccaporena. Ante el asesinato de Paolo, Rita responde con amor y perdón. Se esfuerza por reconciliar a la familia de su marido con los asesinos, interrumpiendo así la espiral de odio que se había creado. En una época dominada por la violencia en las relaciones, santa Rita nunca dejó de buscar aquello que podía unir. Eso es lo que también nosotros estamos llamados a hacer.
Entra “a puerta cerrada”
Después de su marido, mueren muy pronto, uno tras otro, sus dos hijos, Giangiacomo y Paolo Maria, probablemente a causa de la peste o de alguna otra enfermedad. Al quedarse sola, se refugia en la oración y aquel antiguo deseo de consagrarse a Dios se hace sentir con fuerza. Pero entrar en un monasterio no es sencillo. Es rechazada tres veces. La tradición cuenta que en el monasterio de las monjas agustinas de Santa María Magdalena de Cascia entró “a puerta cerrada”, milagrosamente, ayudada por sus tres santos protectores, Agustín, Juan Bautista y Nicolás de Tolentino (en aquella época todavía beato). Una mañana temprano, cuando las monjas, como de costumbre, se dirigen al coro para el Oficio divino, encuentran a Rita rezando dentro de la iglesia. Ante aquel milagro, las monjas que más se oponían se rinden.
La espina en la frente
Rita vive en el monasterio durante unos cuarenta años. Observa escrupulosamente la regla agustiniana, y su vida monástica se caracteriza por una intensa oración y duras penitencias.
El signo más emblemático de su unión con Cristo es el don de la espina. La tradición cuenta que, después de escuchar un sermón sobre la pasión, pide participar del dolor de Jesús, y una espina de la corona del Crucificado se desprende y se clava en su frente. Este acontecimiento es el más documentado de su vida. Las investigaciones médicas han constatado la presencia de una lesión ósea (osteomielitis) en la frente, como prueba de la existencia del estigma.
Su cuerpo nunca fue enterrado
Santa Rita muere el 22 de mayo de 1457 y, poco después, comienza la veneración pública. Por este motivo, su cuerpo nunca fue enterrado. De hecho, desde el principio, gracias a sus virtudes, los devotos comenzaron a llevar exvotos. Al ver tanta veneración, las monjas decidieron depositar el cuerpo santo en un ataúd. En ese momento, el maestro Cecco Barbari se encargó de construir el primer féretro, llamado “ataúd humilde”. También en 1457, debido a un incendio que se desató en el oratorio, el ataúd y el cuerpo, que permanecieron intactos, fueron colocados en el llamado “ataúd solemne”. Este constituye una valiosa fuente histórica, pues celebra la santidad de Rita con pinturas y un epitafio que la define como “beata” y menciona la espina.
El cuerpo de Rita, desde el 18 de mayo de 1947, descansa en la hermosa capilla de la basílica dedicada a ella, dentro de la urna de plata y cristal realizada en 1930.
Hoy el humilde ataúd se encuentra custodiado dentro del ataúd solemne, en la celda de santa Rita, visible durante las visitas al monasterio.
Los devotos de santa Rita
Son innumerables los devotos que dan testimonio cada día de su devoción a la patrona de los casos imposibles. El culto a la Santa está presente en los cinco continentes, y en cada lugar se difunde su mensaje de paz y perdón.
Entre sus numerosos devotos, también ilustres, se encuentra también el papa León XIV (cuyo nombre secular es Robert Francis Prevost), quien, como buen agustino, mantiene un vínculo auténtico con la Santa y presidió también el solemne pontifical del 22 de mayo de 2024 en el santuario de Casia. Es significativa la elección del nombre de León XIV, que recuerda al papa León XIII, quien canonizó a santa Rita en 1900, convirtiéndola oficialmente en una de las santas más amadas del mundo
¿Qué nos enseña hoy santa Rita?
Conocer a fondo su vida y sus enseñanzas es una valiosa fuente de inspiración. Ella es un ejemplo de cómo afrontar las dificultades cotidianas con fe y perseverancia, respondiendo al sufrimiento con el perdón y la entrega total de sí misma.
Santa Rita nos muestra que, si seguimos a Jesús, todo es posible, pero también nos recuerda la importancia de nuestro compromiso diario, porque nada cambia en nuestra vida sin nuestra contribución.
Su poderosa intercesión se invoca en todo el mundo, pero más allá de las peticiones de gracias, su legado espiritual es una invitación para cada uno de nosotros a emprender el camino de la santidad, siguiendo su valioso ejemplo.
Descubrir la vida de santa Rita puede ofrecerte no solo un ejemplo de fe y esperanza, sino también una guía para afrontar los desafíos de la vida con valentía y amor.
