gesu ci da una chiave per entrare in paradiso

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Jesús nos da una clave para entrar en el Paraíso

Sagrado Corazón

Santa Margarita María Alacoque (1647-1690) es la apóstola del Sagrado Corazón de Jesús y su confidente. La experiencia mística de la que fue protagonista dejó a la Iglesia una herencia valiosísima: la gran promesa, fuente de la posterior devoción de los nueve primeros viernes del mes. No hay dudas sobre la autenticidad de esta promesa, tanto es así que Benedicto XV, en un hecho excepcional, la incluye en la bula de canonización de santa Margarita María Alacoque.

Estas son las palabras que el Señor entrega a Margarita mientras le muestra su corazón rodeado de llamas:
«Te prometo, en el exceso de la misericordia de mi corazón, que mi amor omnipotente concederá a todos los que comulguen el primer viernes del mes durante nueve meses consecutivos la gracia de la penitencia final (es decir, la salvación eterna). No morirán en mi desgracia ni sin recibir los sacramentos, y mi corazón será para ellos un refugio seguro en esa hora extrema».
Jesús concede la salvación eterna a quien (con las debidas disposiciones) se acerque a la santa Comunión el primer viernes del mes, durante nueve meses consecutivos.

Estamos realmente ante una promesa excepcional, parece una póliza de seguro de vida… ¡eterna! Pero hay que prestar atención y recordar que no hay, ni puede haber nunca, nada mágico ni automático. Sabemos por la Revelación que todo don de Dios, toda su gracia, presupone siempre la respuesta del ser humano, en obediencia a su voluntad. 
La gran promesa hace manifiesto el misterio del corazón de un Dios que se conmueve y derrama todo su amor sobre la humanidad, pero sobre todo muestra que cada uno de nosotros puede experimentar y saborear la ternura de este amor; cada uno de nosotros puede dejarse envolver por la humilde fidelidad y la mansedumbre del amor del corazón de Cristo. 

Es evidente que, en la promesa hecha por Jesús, la salvación final es obra y don exclusivo de la gran misericordia del Padre, manifestada por el corazón de Jesús, que espera la respuesta libre del ser humano. La iniciativa de su amor nos interpela. Somos llamados cada día, y no solo una vez al mes, a colaborar, comprometiéndonos en un camino de conversión.



Jesús nos da una clave para entrar en el Paraíso

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