La Madre Teresa de Calcuta decía: «Las palabras amables son breves y fáciles de decir, pero su eco es eterno». En esta Jornada Mundial de la Bondad los invitamos a una profunda reflexión. Cuántas veces nos sentimos tentados a cerrar el diálogo con familiares, parientes, amigos, colegas y vecinos porque, en un momento dado, encontramos ante nosotros un muro infranqueable. Pero ¿hemos intentado alguna vez superar ese muro con la “escalera” de la bondad?
Ser bondadosos es un acto de valentía
También el papa Francisco nos recuerda que «debemos dejar de lado el egoísmo, ser bondadosos en la acción y en el pensamiento, aprender a regalar una palabra amable, una sonrisa que implique positivamente a la persona, que venza las diferencias y los conflictos». No siempre es fácil, a veces es un verdadero acto de valentía, pero no debemos rendirnos. Cada día, paso a paso, podemos convertirnos en constructores de un mundo diferente.

Ser bondadosos es ir contracorriente
La bondad es la virtud de los fuertes, la bondad nos lleva a mirar el corazón de las personas que encontramos en nuestro camino. Hoy en día, a menudo descargamos nuestra ira sobre los demás, sin escuchar los movimientos profundos de quienes están a nuestro lado. Con frecuencia prevalece la falta de respeto, de estima y de escucha. Casi tememos construir relaciones entre iguales para encontrar juntos el camino de la comunión y de la paz. Sin embargo, estamos llamados precisamente a redescubrir el bien que hay en nuestros hermanos, estamos llamados a realizar gestos de auténtica bondad.

Los santos, campeones de la bondad
Los santos son nuestros faros; de ellos aprendemos a amar a Dios y a nuestros hermanos. Los santos también son un ejemplo de cómo la bondad es la clave para abrir los corazones. Un santo que fue un ejemplo de bondad es, por ejemplo, Jan Berchmans, y precisamente hoy es bonito citarlo. Jan, en efecto, no fundó una orden religiosa, no realizó acciones heroicas ni vivió una vida de pobreza absoluta, pero se convirtió en santo gracias a su bondad, cortesía y profunda fidelidad al Señor. Durante su breve vida, este religioso jesuita, nacido en Diest (Bélgica) en 1599 y fallecido en Roma en 1621, tuvo una profunda unión con Dios, que se traducía en amor para irradiar en las circunstancias de la vida concreta. Muchos pequeños gestos de bondad ejercieron una fascinación y una influencia extraordinarias sobre quienes lo conocieron, y explican la sorprendente fama de santidad que se difundió inmediatamente después de su muerte, tanto en Roma como en el extranjero. Hay muchos otros ejemplos que imitar, tantos santos de la puerta de al lado que nos señalaron, entre otras cosas, el camino de la bondad. Hay mucho donde elegir. Basta pensar en el venerable Silvio Dissegna, fallecido en 1979, con tan solo 12 años a causa de un tumor óseo, quien escribía en sus redacciones que siempre quería ser amable. Depende de nosotros seguir el ejemplo de nuestros amigos del cielo.
El papa Francisco, en la encíclica Fratelli tutti, nos recuerda que «todavía es posible elegir practicar la bondad. Hay personas que lo hacen y se convierten en estrellas en medio de la oscuridad». Esta es la invitación dirigida a cada uno de nosotros: llevar luz a la noche del mundo con actos revolucionarios de bondad. ¿Y tú tienes algún episodio emblemático que contar sobre la bondad? Si quieres, puedes compartirlo en los comentarios.


