El Jubileo de la esperanza es un año especial de gracia para los fieles de todo el mundo. «Debemos […] hacer todo lo posible para que cada uno recupere la fuerza y la certeza de mirar al futuro con ánimo abierto, corazón confiado y mente previsora. El próximo Jubileo podrá favorecer mucho la recomposición de un clima de esperanza y confianza, como signo de un renacimiento renovado cuya urgencia todos sentimos. Por eso he elegido el lema Peregrinos de esperanza». Así escribe el papa Francisco en la carta a monseñor Rino Fisichella para el Jubileo de 2025. Los fieles de todo el mundo esperan con gran expectación el próximo Jubileo. Incluso quienes profesan otra fe reconocen su importancia. El último Jubileo extraordinario, promovido por el papa Francisco, se remonta a 2015: el Jubileo extraordinario de la misericordia, en el que 950 millones de católicos atravesaron una Puerta Santa. El que se celebrará en 2025 será el segundo Jubileo con el papa Francisco.
Reavivar la esperanza en los corazones
El Jubileo de 2025 será una ocasión propicia para reavivar la esperanza en los corazones después del período oscuro que toda la humanidad atravesó con la pandemia. Un período en el que vimos derrumbarse muchas certezas y experimentamos la soledad y el miedo. Desde entonces, nuestra manera de vivir ha cambiado. La humanidad sigue viviendo momentos oscuros con las guerras y los cambios climáticos, y en nuestro interior ahora más que nunca debe volver a encenderse la luz de la esperanza.

Un año especial de gracia
El Jubileo es un año especial de gracia en el que la Iglesia da la posibilidad de pedir la indulgencia plenaria, es decir, la remisión de los pecados para uno mismo o para los difuntos. Es una de las formas mediante las cuales la Iglesia se hace cargo de sostener el camino de conversión necesario para reparar «la huella negativa» del pecado que permanece incluso después del perdón de Dios.

Que se escuchen las voces de los pobres
El papa Francisco exhorta a escuchar las voces de los pobres en este tiempo de preparación para el Jubileo que, como él escribe, «según el mandato bíblico, devuelve a cada uno el acceso a los frutos de la tierra: “Lo que produzca la tierra durante su descanso servirá de alimento para ti, para tu esclavo, para tu esclava, para tu jornalero y para el huésped que se encuentre contigo; también para tu ganado y para los animales que haya en tu tierra servirá de alimento cuanto ella produzca” (Lv 25,6-7). Por tanto, la dimensión espiritual del Jubileo, que invita a la conversión, debe conjugarse con estos aspectos fundamentales de la vida social, para constituir una unidad coherente. Sintiéndonos todos peregrinos en la tierra en la que el Señor nos ha puesto para que la cultivemos y la cuidemos (cf. Gn 2,15), no dejemos de contemplar, a lo largo del camino, la belleza de la creación y de cuidar nuestra casa común».


