El Jubileo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad es un momento especial para reflexionar sobre una misión que va más allá del deber profesional: es una llamada a servir, proteger y luchar por el bien común. Este evento, que une fe y vocación, celebra a hombres y mujeres que encarnan valores profundamente cristianos como el sacrificio, la justicia y la defensa de los más débiles. Pero ¿qué enseñanzas podemos extraer de su ejemplo? ¿Y cómo podemos relacionar su labor con nuestra vida de fe?
Un ejemplo de valores cristianos en la vida cotidiana
Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad son un ejemplo concreto de cómo se pueden vivir cada día las virtudes cristianas. Su trabajo nos recuerda la importancia de poner a los demás en el centro, sacrificarse por el bien común y no ceder nunca ante el mal. ¿Acaso no es esto lo que Cristo nos pide en el Evangelio? Su vocación nos invita a reflexionar sobre nuestro compromiso personal: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a entregarnos por los demás, luchar por la justicia y defender a quienes son más vulnerables?
San Miguel Arcángel: el defensor del bien
No es casualidad que san Miguel Arcángel sea el patrón de la policía. Este poderoso defensor del bien, que en la tradición cristiana derrota al mal, representa el ideal de justicia y protección que todo miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad busca encarnar. Encomendarse a él en la oración es una forma de pedir fuerza y guía en los momentos más difíciles, y los libros dedicados a san Miguel Arcángel de la Editorial Shalom ofrecen una lectura valiosa para profundizar en su papel en nuestra vida de fe.
Salvo D’Acquisto
Muchos fueron los hombres del cuerpo que dieron la vida por el bien común. A este respecto, no podemos dejar de mencionar la noble figura del vicebrigadier del cuerpo de Carabineros Salvo D’Acquisto, quien dijo: «Si muero por otros cien, renazco otras cien veces: ¡Dios está conmigo y no tengo miedo!». Sacrificó su vida para salvar a un grupo de civiles durante una redada de las tropas nazis que tuvo lugar el 23 de septiembre de 1943 en Torrimpietra, una localidad al norte de Roma, en cuya estación de Carabineros había sido destinado desde diciembre de 1942. Le habían sugerido refugiarse en Roma, ante la situación caótica que se había creado, pero él había respondido: «Mi deber es estar con la gente que nos ha sido confiada». Un gesto heroico que le valió a Salvo D’Acquisto la Medalla de Oro al Valor Militar y la apertura de un proceso de canonización. ¡Cuántos otros ejemplos de heroísmo podríamos mencionar, hasta llegar al ofrecimiento de la propia vida!
La oración: fuerza para quienes luchan cada día
Caridad y oración: estas eran las coordenadas que guiaban la labor de Salvo D’Acquisto. Un punto firme era el rezo del Rosario. Su abuela le había enseñado esta oración: convocaba a todos los habitantes del edificio donde vivían en el tercer piso para rezar el Rosario junto con su familia.
Quien se enfrenta a desafíos complejos sabe lo importante que es contar con una fuerza interior que sostenga su camino. La oración puede convertirse en ese refugio seguro, un arma invisible que brinda valor y esperanza. Y para quien busca un punto de partida, la oración del Rosario es una herramienta sencilla pero poderosa.
Nuestra invitación
En este Jubileo, dejémonos inspirar por el ejemplo de las Fuerzas del Orden. Recemos por ellos, para que reciban apoyo en su misión, y reflexionemos sobre cómo los valores que encarnan también pueden tener un lugar en nuestras vidas. Encomendémonos a san Miguel Arcángel, cultivemos la fuerza interior con la oración y descubramos historias de valor y fe como la de Salvo D’Acquisto. Porque la verdadera lucha contra el mal comienza en el corazón y en la fe de cada uno de nosotros.
