«Todos nosotros tenemos un ángel con nosotros, que nos protege y nos hace sentir las cosas». Podemos estar «seguros de que él nos llevará hasta el final de nuestra vida con sus consejos». Por eso es necesario «escuchar su voz». El papa Francisco nos recuerda que los ángeles nos acompañan, y esto lo lleva a concluir que «nadie camina solo y ninguno de nosotros puede pensar que está solo: siempre está este compañero».
Esta es una luminosa verdad de fe que nos ayuda a proseguir el camino con esperanza, a pesar de los numerosos dramas que recorren el mundo; la conciencia de no estar solos nos ayuda a convertirnos en peregrinos de esperanza, como nos invita a ser el papa Francisco en el próximo jubileo que está a punto de comenzar.

Los santos y los ángeles
Muchos santos tuvieron una relación estrechísima con su propio ángel de la guarda; la lista es realmente larguísima y, por tanto, podemos limitarnos a unos pocos ejemplos: san Felipe Neri, por ejemplo, fue socorrido varias veces por su ángel de la guarda: en una ocasión se encontró de repente elevado en el aire para evitar que un carruaje lo atropellara en un callejón de Roma. En otra ocasión, el ángel se le apareció con la forma de un necesitado que pedía limosna: el Santo estuvo enseguida dispuesto a darle todo lo poco que tenía, pero el ángel le respondió que solo quería ver de qué era capaz; después desapareció.
Para santa Gema Galgani, el ángel de la guarda era un amigo, un consejero y también su cartero personal: ella se servía de él para enviar sus cartas y siempre llegaban a su destino. Escribe, por ejemplo: «La carta, apenas terminada, se la doy al ángel. Está aquí a mi lado, esperando».
San Pío de Pietrelcina amaba mucho a los ángeles y sentía a su ángel de la guarda como “compañero de infancia”; incluso de adulto bromeaba con él, llamándolo “señorito”.
«Pide ayuda a tu ángel custodio, que debe convertirse en tu mejor amigo», decía Carlo Acutis
También él, que será proclamado santo precisamente durante el Jubileo, se suma a esta galería: a menudo se dirigía durante el día a su ángel custodio y lo trataba con familiaridad. Incluso le había puesto un nombre, Gabriel, y a menudo le pedía ayuda para combatir los que consideraba sus principales defectos: la gula y la pereza.

El beato Santiago Alberione
Muchos episodios de la vida del beato Santiago Alberione, fundador de la familia Paulina, dan testimonio de la relación tan particular que tenía con su propio ángel custodio: en la Navidad de 1919 confió al joven sacerdote José Timoteo Giaccardo: «Hay que tomar las medidas humanas y todo lo que aconseja la prudencia de los tejados para abajo. Por lo demás, estoy muy tranquilo; el ángel custodio vela por él… ¡Oh, la Providencia! Solo anoche supe que mi vida estaba en peligro: habían decidido matarme durante la semana de las elecciones; sin embargo, nosotros recorrimos las calles a todas horas de la noche: y Dios nos protegió».
Entre 1945 y 1965 viajó muchísimo por tierra y mar, pero también en avión: al principio, durante y al final de cada viaje, don Alberione se encomendaba a los ángeles custodios, experimentando siempre una protección especial.
¿Qué relación tienes con tu ángel custodio? ¿Piensas alguna vez en él? ¿Sientes su presencia junto a ti? Si quieres, comparte con nosotros tus pensamientos y tu experiencia.




