El 29 de septiembre, la Iglesia celebra a los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, haciéndonos entrar en una dimensión espiritual y, al mismo tiempo, sumamente real. Dios, en su bondad, ha pensado ayudar a sus hijos también mediante seres espirituales que pudieran acompañarlos en el camino de la vida. ¡Conozcámoslos juntos!
Una premisa importante
La existencia de los ángeles es una verdad de fe; en el Credo, de hecho, profesamos nuestra fe «en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra y de todas las cosas visibles e invisibles…».
La palabra «ángel» significa «enviado» y en toda la Sagrada Escritura encontramos estas figuras que, en nombre de Dios, ayudan y guían a los hombres. Son los mensajeros de Dios, los servidores de Dios, seres espirituales, inmortales y con carácter personal.
¿Y quiénes son los arcángeles?
Los ángeles están organizados en una corte celestial; por tanto, ocupan distintas posiciones y reciben distintas misiones. Los tres arcángeles se encuentran en las esferas más altas de esta jerarquía y Dios ha asignado a cada uno de ellos una tarea particular. Sus propios nombres sugieren su tarea y su naturaleza: todos terminan en «El», que significa «Dios».
La tradición católica reconoce a tres arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. ¡Descubramos quiénes son!

Miguel
Es el guerrero que combate contra Satanás y sus enviados (Jd 9; Ap 12,7; cf. Zac 13,1-2), el defensor de quienes aman a Dios (Dan 10,13.21), el protector del pueblo (Dan 12,1).
Su nombre significa «¿quién como Dios?». Se le representa como un guerrero con una espada o en el acto de atravesar con una lanza a un dragón, que simboliza al Demonio. De hecho, se le pide que combata contra los ángeles rebeldes liderados por Lucifer.
Miguel es enviado del cielo para proteger a los hombres y guiarlos, para enseñarles a distinguir el bien del mal, la verdad de la mentira. Se le considera quien defiende a los justos y es el protector de la santa Iglesia.
Gabriel
Es uno de los espíritus más cercanos a Dios, ante su Trono celestial (Lc 1,19), quien reveló a Daniel los secretos del plan de Dios (Dn 8, 16; 9, 21-22); es el revelador del acontecimiento central de la historia de la salvación
Gabriel significa “Fuerza de Dios”. Anuncia a Zacarías el nacimiento del Bautista (Lc 1,11-20), a María (Lc 1, 26-38) y a los pastores el nacimiento de Cristo; a san José le revela el misterio de la maternidad de María y, en sueños, le advierte que huya a Egipto y luego regrese a Palestina. En la Biblia, el arcángel Gabriel siempre ha desempeñado el papel de anunciador, mensajero y divulgador de la Palabra de Dios.

Rafael
Está ante el trono de Dios (Tb 12,15; cfr. Ap 8,2), acompaña y protege a Tobías en su viaje y cura a su padre de la ceguera y a su futura esposa de la influencia del diablo.
Rafael, en efecto, significa “Dios sana” y su misión es llevar la sanación. Su papel de sanador debe interpretarse siempre como la voluntad de aliviar el alma de sus sufrimientos para hacerla abierta a acoger a Dios. Al devolverle la vista al padre de Tobías, Rafael le abre los ojos a la verdad del Altísimo, del mismo modo que, al expulsar a los demonios que atormentan a su futura esposa, hace posible su amor. Por eso se le considera protector de los novios, del amor conyugal, de los viajeros y de los médicos. Muchos hospitales están dedicados a él, como demostración de su continua intervención en las cosas terrenales, en lo referente a la salud del alma y del cuerpo.
Sin lugar a dudas, los arcángeles son ángeles con la “A” mayúscula.
Miguel es nuestro defensor: recemos por su intercesión para mantenernos alejados del mal y del pecado y estar cada vez más cerca de Dios.
Gabriel es nuestro consejero: recemos por su intercesión para estar siempre bien inspirados a realizar buenas acciones y gestos agradables a Dios y al prójimo.Rafael es nuestro médico: recemos por su intercesión para gozar de buena salud física, psíquica y espiritual.



