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Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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¡Gracias a nuestros abuelos, baluarte de ternura!

Abuelos

«Queridas abuelas y queridos abuelos, queridas mayores y queridos mayores, en este mundo nuestro estamos llamados a ser artífices de la revolución de la ternura!». Es hermoso comenzar así, con las palabras del papa Francisco, este artículo -casi una carta- dedicado a los abuelos.
El 23 de julio, en efecto, la Iglesia celebró la III Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores y el Papa llamó la atención sobre la importancia de los abuelos, sobre su papel como guías de los jóvenes, en un «relevo» que lleva consigo la conciencia de que nadie se salva solo y de que nadie debe quedarse atrás.

Un dulce recuerdo o un dulcísimo regalo

Es cierto, la figura de los abuelos evoca un profundo sentido de ternura. Para algunos de nosotros, los abuelos son ya un recuerdo lejano de la infancia, pero vivo en la memoria y lleno de dulzura: con los abuelos existe un entendimiento diferente del que se tiene con los padres; con sus nietos, los abuelos parecen volver a ser niños. Y qué bonito es volver a pensar en aquel caramelo que nos daban casi a escondidas, con una sonrisa cómplice…

Para algunos, los abuelos son un dulcísimo regalo que, por gracia de Dios, todavía acompaña sus días y es realmente un don que no se debe subestimar: hoy los abuelos son un apoyo práctico para muchas familias en las que los padres trabajan hasta tarde; son un refugio seguro de afecto y verdadero crecimiento.
Hoy, día en que la Iglesia recuerda a Joaquín y Ana, abuelos de Jesús, dediquemos un pensamiento lleno de dulzura a nuestros abuelos, estén todavía con nosotros o nos custodien desde el cielo… ¡Merecen nuestro agradecimiento!

Joaquín y Ana

Jesús también vivió la dulzura y la ternura de tener abuelos: Joaquín y Ana, padres de la Virgen María, a quienes la Iglesia celebra precisamente el 26 de julio.
Su historia no está atestiguada por los Evangelios, pero se obtienen noticias de los textos apócrifos y de la tradición.


Esperaron durante mucho tiempo que el cielo les concediera el don de un hijo, no perdieron la esperanza y el Señor los recompensó: nació María y, cuando la niña cumple 3 años, para dar gracias a Dios, Joaquín y Ana la presentan en el templo para consagrarla al servicio del propio templo.
Estas santas figuras de padres ancianos y abuelos nos recuerdan la belleza del don de la vejez, el valor de los ancianos y los abuelos, y nos enseñan a depositar siempre nuestra confianza en el Señor mediante la oración, porque no seremos defraudados.

La misión de los abuelos

«Todos hemos pasado por las rodillas de nuestros abuelos, que nos han tenido en brazos», observa una vez más el papa Francisco, con los rasgos de profunda humanidad y sensibilidad que conocemos bien, y hoy los invita a custodiar el mundo: «Hoy es el momento de sostener sobre nuestras rodillas -con ayuda concreta o incluso solo con la oración-, junto a los nuestros, a tantos nietos asustados que aún no hemos conocido».
Los abuelos son nuestro baluarte de profunda ternura, nuestro puerto seguro. ¡Celebremos y démosles las gracias hoy, en “su” día!



¡Gracias a nuestros abuelos, baluarte de ternura!

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