https blog editriceshalom it 11932 2

Editrice Shalom

Tempo di lettura: 5 min
Autore: Editrice Shalom

Cosa troverai in questo articolo?

Liturgia del domingo: 28 de julio de 2024

Panes y peces

Textos tomados del Misalito “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2024

17.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
1.ª sem. salterio


PRIMERA LECTURA

Del segundo libro de los Reyes (2 Re 4,42-44)
En aquellos días, de Baal Salisá llegó un hombre que llevó al hombre de Dios pan de primicias: veinte panes de cebada y grano nuevo que tenía en su morral. Eliseo dijo: «Dáselo a la gente para que coma». Pero su criado respondió: «¿Cómo voy a poner esto delante de cien personas?». Él insistió: «Dáselo a la gente para que coma. Porque así dice el Señor: “Comerán y sobrará”». Lo puso delante de ellos, que comieron y sobró, conforme a la palabra del Señor. – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

El pasaje propuesto pertenece al conjunto de los «relatos edificantes» relacionados con el profeta Eliseo, calificado como «hombre de Dios», enteramente a su disposición y por medio del cual el Señor mismo interviene, tanto suscitando la palabra como realizando milagros. En este caso, un individuo procedente de Baal-Salisá ofrece a Eliseo pan de primicias, es decir, un don reservado al Señor. Eliseo no se queda con el don, sino que lo pone a disposición de la gente y hace que se distribuya entre la población. El texto señala la desproporción entre los medios humanos y la meta alcanzada, es decir, entre los veinte panes ofrecidos y los cien hombres alimentados. Ese alimento, fruto del trabajo del hombre y de la bendición de Dios, se multiplica hasta el punto de que alcanza para saciar a todos. El período histórico en el que vive Eliseo se caracteriza por la presencia del sincretismo religioso, por lo que los israelitas acudían con frecuencia a Baal, el dios de la lluvia, para que fecundara las tierras. El milagro del pan muestra que es el Señor, el verdadero Dios providente, quien da al pueblo agua, pan, aceite, vino y todo otro bien en abundancia.


SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 4,1-6)
Hermanos, yo, prisionero por causa del Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la llamada que han recibido, con toda humildad, mansedumbre y magnanimidad, soportándose mutuamente con amor y preocupándose por conservar la unidad del espíritu mediante el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo espíritu, como una sola es la esperanza a la que han sido llamados, la de su vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está presente en todos. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Desde la prisión, el apóstol Pablo exhorta encarecidamente a sus fieles a proceder conforme a la llamada de Dios, que los ha incorporado a la comunidad eclesial. Los versículos son grandiosos, pues la vida cristiana nace de la caridad trinitaria. Al principio aparecen algunas virtudes, entre ellas la humildad, sin las cuales es imposible alcanzar la plena unión con Dios. Lo que Pablo desea de sus cristianos no es una piadosa utopía, ya que, en el plano humano, se trata de conservar y mantener esa unidad que el Espíritu Santo obra continuamente en el seno de la comunidad cristiana, unida por la «cadena» de la paz. En segundo lugar, el apóstol enumera aquello que mantiene unidos a los cristianos. El cuerpo eclesial recibe su unidad no de la simple yuxtaposición de sus miembros ni tampoco del amor recíproco, sino de la participación de todos en una sola realidad. Siete veces repite Pablo «uno solo», y el final de la cadena, formada por siete eslabones, no podía ser otro que el Padre celestial, quien, aunque está por encima de todos, se sirve de cada uno para manifestarse y no priva a nadie de su presencia amorosa.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Juan (Jn 6,1-15)
En aquel tiempo, Jesús pasó a la otra orilla del mar de Galilea, es decir, de Tiberíades, y lo seguía una gran multitud, porque veían los signos que hacía en los enfermos. Jesús subió al monte y allí se sentó con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús, entonces, levantando los ojos, vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos panes para que coma esta gente?». Lo decía para ponerlo a prueba, pues él sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno reciba un pedazo». Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tanta gente?». Jesús respondió: «Hagan que se sienten». Había mucha hierba en aquel lugar. Se sentaron, pues, y eran unos cinco mil hombres. Entonces Jesús tomó los panes y, después de dar gracias, los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo hizo con los peces, cuanto querían. Cuando quedaron saciados, dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado, para que no se pierda nada». Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que habían sobrado a los que habían comido. Entonces la gente, al ver el signo que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta, el que viene al mundo». Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para hacerlo rey, se retiró de nuevo al monte, él solo. – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Recostados sobre la hierba verde, cinco mil hombres son saciados por la generosidad de Jesús. No es la gente la que pide alimento y el pasaje no debe leerse como una obra de socorro. Es Jesús quien ve llegar a aquellas personas y tiene en mente lo que se propone hacer. Los discípulos no saben cómo afrontar la situación y experimentan la insuficiencia de los medios humanos, de la que brota el asombro al constatar la grandeza y la sobreabundancia del poder divino. Jesús se comporta como el dueño de la casa que acoge a los invitados, los hace sentirse cómodos y preside la mesa. La empresa culmina plenamente, como se ve por el gran número de los que comen y por la abundancia de la comida sobrante. Nada más extraordinario y, al mismo tiempo, sencillo y gozoso. Cristo se revela como el verdadero pastor, cuidando la vida de todos para convertir a la multitud en una gran comunidad, capaz de cordial amistad y fraternidad. La comida de muchos es su signo. Todo procede de Jesús y, en definitiva, de Dios, a quien se da gracias. Por ahora, el gesto parece concluido, porque todos quedan saciados; pero está tan lleno de contenido que permanece como una posibilidad abierta a una profundización y a nuevos desarrollos. ¿Será él el profeta, como lo había sido Moisés, o estamos ante algo completamente distinto?


Suscripción al Misalito
Suscripción al Misalito
Liturgia del domingo: 28 de julio de 2024

Cosa troverai in questo articolo?