Hoy, 8 de marzo, pensemos en las mujeres que conocemos, en aquellas que no conocemos pero que han tocado nuestra vida, en las mujeres que forman parte de nuestra vida cotidiana, en las mujeres que han terminado su peregrinación terrenal y que llevamos en el corazón como un tesoro precioso.
Estas mujeres son madres, hermanas, amigas, compañeras de trabajo, abuelas, tías… mujeres fuertes y frágiles, decididas y delicadas, cariñosas y asertivas, afectuosas y leales, inflexibles y dulcísimas, precisas y desganadas, enfermas y sanas, enérgicas y afligidas, emancipadas y tradicionalistas.
Cada uno de nosotros puede reencontrar estas características en las mujeres que forman parte de su vida, porque cada mujer es un mundo sencillamente complejo, capaz de aportar una maravillosa multiplicidad a la vida cotidiana.

La mujer contempla el mundo desde la ventana del corazón
La mujer, criatura dotada de una altísima sensibilidad y una profunda intuición, sabe que pertenece a otro mundo y recurre a él cuando la necesidad del alma no encuentra respuesta.
Así nacen oraciones, peticiones, alabanzas y agradecimientos a quienes ya viven en el centro del Amor: los santos.
Las santas patronas de las mujeres
La primera e indiscutible patrona de todas las mujeres es María, modelo de madre, de mujer, de protección, de cuidado, de intercesión y de valentía. Las mujeres recurren a ella porque puede comprenderlas, socorrerlas, consolarlas y acompañarlas en cada paso que deben dar.

Santa Ana, la madre de María, protege a las mujeres que esperan un hijo, ella que tuvo la dicha de la maternidad a una edad avanzada.
Santa María Francisca de las Cinco Llagas intercede por las mujeres estériles y por aquellas que viven un embarazo difícil: en Nápoles, su silla sigue siendo hoy “la silla de la fertilidad”.
San Pascual Bailón, que aconsejaba a todas las mujeres que acudían a él, es invocado para encontrar el alma gemela.
San Gerardo Mayela, que salvó a una mujer que estaba muriendo de parto, intercede por el buen nacimiento de los niños y la salud de las madres.
Santa Mónica, que con perseverancia logró la conversión de su hijo Agustín, intercede por las mujeres que llevan grandes penas en el corazón.
San Domingo Savio, quien todavía muy joven rezó por su madre y por su hermanita Catalina, intercede por todas las mujeres que viven un embarazo de riesgo.

Una nueva incorporación
Y, aunque la tradición no nos hable de ello, hoy queremos atrevernos a proponer otra santa patrona de las mujeres: santa Juana de Arco. Ella, que en la Francia del siglo XV fue un símbolo de fuerza y valentía, seguramente no se negará a interceder para que todas las mujeres que quizá se hayan perdido por los caminos de la humillación y la violencia reciban determinación, autoestima, autenticidad, perseverancia y amor propio.
¡Felicidades a todas las mujeres, seres celestiales que caminan sobre la tierra!

