En esta tercera cita con el padre Patrizio Sciadini, reflexionamos sobre lo que puede parecernos una forma de oración, cuando en realidad no lo es. Distinguir lo que es oración de lo que no lo es es muy importante para evitar incurrir en algunos peligros.

Las velas y el incienso
Algunos gestos habituales, como encender velas o quemar incienso, son bellos gestos, animados sin duda por la fe y hechos de corazón, pero no son oración, sino manifestaciones de nuestro deseo de dar gracias a Dios y pedir su ayuda: «Quien las enciende normalmente lo hace porque quiere dar gracias por algo que siente haber recibido de Dios, o para pedir poder recibir una gracia».
Pero con respecto a estos gestos siempre hay que tener cuidado, porque «cuando se encienden velas o se pone incienso en el fuego para “alejar” el mal de ojo, o para otras formas de superstición, entonces eso no es oración y no agrada a Dios».
Alejémonos de la superstición y la magia
Quien confía en Dios no necesita supersticiones ni recurrir a ritos mágicos. Sin embargo, el padre Patrizio Sciadini nos recuerda que «hoy se multiplican quienes dicen predecir el futuro y ofrecen consultas de pago. Lamentablemente, también muchos cristianos recurren a estas personas y les piden que “bendigan” casas, fotografías, ropa, diversos objetos… Estas prácticas no son oraciones y pueden perjudicar nuestra vida humana y de fe.
Por tanto, el peligro es real y está más presente de lo que imaginamos, pero para vencerlo basta poco, ¡basta la fe! «Nuestra fe está solo en Dios: para no caer en falsas creencias o desviaciones de la fe, debemos, incluso por nuestra cuenta, recitar muchas veces el Credo, que es la síntesis de nuestra fe».

La naturaleza no debe ser divinizada
El autor advierte después de otro peligro y de otra «moda»: «En los últimos tiempos se están difundiendo nuevas formas de religiosidad, entre ellas algunas que divinizan la naturaleza». Sin embargo, para quien cree en Dios, la naturaleza no es una divinidad, sino obra de Dios. Por supuesto, podemos rezar exaltando la belleza de la naturaleza y viendo en ella el espejo de la grandeza de Dios; «quienes aman y respetan la naturaleza y sienten una reverencia especial por todo lo que existe, como también canta san Francisco de Asís en el Cántico de las criaturas, rezan», pero no debemos convertir la naturaleza en una divinidad: es motivo de alabanza a Dios.
La oración ante todo es un encuentro, es diálogo y amor que nos pone en contacto con la persona de Dios, de Jesús, del Espíritu Santo, de la Virgen María y de los santos. ¡Oremos con esta confianza y saborearemos la belleza de sentirnos acogidos y escuchados!

Sigue reflexionando con nosotros sobre la oración y, si lo deseas, comparte con nosotros tu experiencia. En el próximo artículo descubriremos por quién o por qué es bueno rezar.
