La habitación propia es un lugar importante para un niño: es un espacio solo suyo, un refugio, una isla en la que jugar, soñar y afrontar, día tras día, el desafío de crecer.
Un papá y una mamá que esperan un hijo deben pensar, entre otras cosas, también en preparar para él o para ella este espacio especial, que con los años cambia de aspecto y crece a medida que crece el niño: donde antes había una cuna, después habrá un escritorio, y los pósteres de cantantes y actores sustituirán a los peluches...
Al idear la decoración de la habitación de los más pequeños, también es importante no olvidar los objetos y elementos que, de manera divertida, simpática y colorida, empiezan a «hablar de Dios» a los niños desde muy pequeños.
Por eso queremos proponeros en este artículo algunas ideas que podrían serviros de inspiración si os encontráis en la situación de tener que decorar una habitación infantil o si buscáis una idea de regalo para una pareja de amigos que espera un bebé o quizá acaba de mudarse.
Un signo muy dulce de la «mirada de Dios» sobre los recién nacidos es el cuadro para encima de la cuna o dosel para cuna: se trata de un pequeño cuadrito, normalmente de plata o cerámica, en el que pueden estar representadas la Virgen María, la Sagrada Familia, un ángel que vela... Es una señal de que el cielo mira con amor a nuestro pequeño o pequeña y vela por su sueño.
Esta misma dulce función la desempeña la luz de compañía que, cuando tiene un motivo religioso, adquiere un valor añadido.


¿Por qué no colgar también en las paredes cuadritos de colores con la imagen de un ángel o de María, o en los que esté escrita una oración, como, por ejemplo, el Ángel de la guarda o el Padre nuestro? De este modo, los niños pueden buscarla con la mirada y rezar o simplemente recordar siempre que son amados y protegidos desde el cielo.
Imanes con dibujos simpáticos que representen a santos, a la Sagrada Familia o a ángeles pueden ser, además de un elemento decorativo, también un juego divertido para los niños que, de este modo, mientras se divierten, pegándolos y despegándolos, se familiarizan con los amigos del cielo. La misma función podrían cumplir los simpatiquísimos peluches de temática religiosa, que enseñan a los niños a “tutear” a Jesús y a María desde pequeños, porque pueden abrazarlos y jugar con ellos.



Cuando los niños crecen y empiezan a saber leer, su biblioteca, además de llenarse de cuentos y cómics, puede enriquecerse con libros que hablan de Dios, de Jesús y de su amor, de los santos… ¡así descubrirán un mundo luminosísimo!
«La predicación de un niño en la iglesia es más hermosa que la del sacerdote, la del obispo y la del Papa», dijo el papa Francisco cuando, durante una homilía, los niños hacían ruido. Después de todo, es el propio Jesús quien dice: «Dejad que los niños se acerquen a mí».
Aceptemos esta invitación: ¡hagamos que nuestros hijos “respiren” aire de cielo!

