«Cuando muramos, nadie nos preguntará cuánto hemos sido creyentes, sino creíbles». Este es el testamento espiritual e intelectual del juez Rosario Livatino, asesinado por cuatro sicarios de la Stidda (una organización mafiosa enfrentada a Cosa Nostra) el 21 de septiembre de 1990.
Livatino fue beatificado el 9 de mayo de 2021 y la Iglesia lo recuerda el 29 de octubre; su vida nos enseña el valor de la coherencia y la credibilidad, el valor de vivir la justicia en estrechísima unión con la fe.

Justicia y caridad
Livatino nació en Canicattì, en la provincia de Agrigento, el 3 de octubre de 1952, y dedicó su vida al estudio (se licenció en Derecho en Palermo en 1975, a los 22 años) y al compromiso con la Acción Católica.
Su jornada estaba entretejida de oración: siempre comenzaba deteniéndose en una pequeña iglesia apartada, donde el juez se recogía en diálogo con Dios antes de ir a trabajar.
Sobre el escritorio de su casa había un crucifijo y un Evangelio lleno de anotaciones: «La justicia -escribía- es necesaria, pero no suficiente, y puede y debe ser superada por la ley de la caridad».
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«Es mejor que muera uno solo»
Cuando ingresa en la magistratura, haciendo realidad el sueño de su vida, es fiscal adjunto del tribunal de Agrigento y se ocupa también de las investigaciones antimafia más delicadas, comenzando a desmantelar la “Tangentopoli siciliana” y enfrentándose a la mafia de Agrigento.

Él mismo pide que le confíen una difícil investigación sobre la mafia porque es el único de los fiscales adjuntos de Agrigento que no tiene familia: con total confianza se pone en manos de Dios («Sub Tutela Dei», anota en su agenda).
La emboscada mortal tuvo lugar en la SS640, entre Agrigento y Caltanissetta. El juez sabía que estaba en el punto de mira, pero, aun sabiendo que corría peligro, no había querido escolta, porque, según el testimonio de su padre, pensaba: «Es mejor que muera uno solo a que mueran varios».
El papa san Juan Pablo II lo definió como «mártir de la justicia e indirectamente de la fe».

Nuestro compromiso
La vida y el testimonio del juez Livatino nos llaman a todos a comprometernos, porque, como dijo el cardenal Montenegro con motivo de la conmemoración del vigésimo quinto aniversario de su muerte, «la mafia no es solo la de las masacres, sino que también es la del silencio, las injusticias, las recomendaciones y los atajos en perjuicio de los más débiles. Esta mafia también mata. Que el aniversario de la muerte de Livatino suscite en nosotros un impulso de orgullo civil y religioso».
¡Sintámonos comprometidos en esta lucha contra la injusticia, que también es un testimonio de fe!



