il dialogo come strumento

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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El diálogo como herramienta

Cuadernos del Concilio - volumen 34

El volumen 34 de Los Cuadernos del Concilio, escrito por el periodista Ignazio Ingrao, aborda el delicado tema del diálogo de la Iglesia con la sociedad actual y el progreso que se persigue en ella. La historia de los últimos años ha puesto en crisis la fe en el progreso. En lugar de esta profecía engañosa, el cristiano está llamado a poner la esperanza en el centro, porque no son la ciencia ni el progreso los que redimen al hombre, sino el amor.

Extraordinariamente actual

Ingrao retoma la última parte de Gaudium et Spes, que hoy resulta extraordinariamente actual. Se habla, en efecto, de la paz, del deber de evitar la guerra, de detener la carrera armamentística, del papel de las organizaciones internacionales, de un nuevo orden mundial, de los países en vías de desarrollo y de la tarea de los cristianos en lo que hoy el papa Francisco define como un “cambio de época”.

Un cambio de época

También en tiempos del Vaticano II se vivía de lleno un cambio de época: la guerra fría, la crisis de los misiles en Cuba y la disuasión nuclear, la descolonización, el movimiento de los países no alineados, el desarrollo de la Comunidad Económica Europea y del Consejo de Europa…
Hoy, en plena guerra en el corazón de Europa, con una tercera guerra mundial librada por partes en muchos países del mundo y ante los efectos dramáticos del cambio climático, nos encontramos en medio de un cambio de época tan complejo como el de hace sesenta años. Y, quizá, aún más dramático. Por eso, al releer las páginas de Gaudium et Spes, encontramos una profunda sintonía: páginas que nos sugieren respuestas, caminos de reflexión e indicaciones éticas y teológicas para responder a las preguntas de hoy.

Ha caído el mito del progreso

La Iglesia ya entonces comprendía hasta qué punto era ilusorio el mito del progreso y recordaba el «deber de la caridad universal, es decir, la promoción de un mundo más humano para todos».
Hoy podemos decir que realmente se nos ha caído el velo de los ojos: nos hemos dado cuenta de hasta qué punto era mentirosa la profecía de un progreso imparable y sin límites. La pandemia nos enfrentó a nuestras fragilidades. El conflicto mundial librado en Ucrania, Siria y muchas otras partes del mundo nos ha hecho retroceder décadas: las conquistas de la paz que parecían estables al menos en algunas zonas del mundo, el alivio por el fin de la guerra fría y el papel clave de los organismos internacionales se han hecho añicos ante nuestros ojos.
La crisis económica y alimentaria, la escasez de materias primas y el vertiginoso aumento de los precios agravan las desigualdades y amplían la brecha de la pobreza. Sin olvidar los cambios climáticos y los efectos del calentamiento global, cuya preocupación también expresó el papa Francisco en la muy reciente Exhortación Apostólica “Laudate Deum”.

Una visión de esperanza

En lugar de una fe inconsistente en el progreso, el cristiano está llamado a poner en el centro la esperanza cristiana. No son la ciencia ni el progreso los que redimen al hombre: el hombre es redimido por el amor. Por eso, quien no conoce a Dios, aunque pueda tener múltiples esperanzas, en el fondo carece de la gran esperanza que sostiene toda la vida. Pero atención, una esperanza que olvida y descuida a los demás no es verdadera esperanza. La esperanza cristiana se fundamenta en el acontecimiento de la resurrección de Cristo y abre a otra perspectiva de comprensión de la historia, abriendo de par en par la mirada a las cosas del cielo.
El Concilio presentó el diálogo como instrumento principal y estilo característico de la relación de la Iglesia con el mundo contemporáneo. Esta es una tarea ardua, que necesita el compromiso común de todos los creyentes que desean una casa común más fraterna y solidaria. Es únicamente a través del diálogo, la comprensión y la difusión de la cultura de la tolerancia y de la aceptación del otro como puede surgir una convivencia justa entre las personas y nacer cada día un mundo capaz de esperanza.


El diálogo como herramienta

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