il giorno della memoria una data da portare impressa nel cuore

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Autore: Editrice Shalom

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El Día de la Memoria: una fecha que debemos llevar grabada en el corazón

Día de la Memoria

El 27 de enero, en Italia y en el resto del mundo, se celebra el Día de la Memoria. Es una fecha que debemos llevar grabada en el corazón, para no olvidar la Shoá y a los millones de seres humanos asesinados sin piedad. No dejemos pasar esta oportunidad de reflexionar sobre un acontecimiento que, todavía hoy, nos concierne a todos.  

Por qué se celebra el 27 de enero de 1945

Es el día en que, al final de la Segunda Guerra Mundial, las puertas del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau (Polonia) fueron derribadas por el ejército soviético. Ya hacia mediados de enero, ante la proximidad del Ejército Rojo, las SS comenzaron a evacuar a unos 60.000 prisioneros; otros, unos 9.000, fueron dejados en Auschwitz porque estaban enfermos o extremadamente debilitados: los nazis pretendían eliminarlos junto con las pruebas del exterminio antes de la llegada de los soviéticos, pero no tuvieron tiempo de llevar a cabo su plan. Los prisioneros supervivientes revelaron al mundo los horrores que se habían cometido en el corazón de Europa. 

El Día de la Memoria en Italia y en el mundo

En Italia, el «Día de la Memoria» se instituyó en el año 2000, con el propósito de recordarnos, como escribió Ana Frank, que: «Lo ocurrido no puede borrarse, pero se puede impedir que vuelva a suceder».
A nivel internacional, fue reconocido oficialmente por la Asamblea de las Naciones Unidas el 1 de noviembre de 2005, con motivo del 60.º aniversario de la liberación de los campos de concentración.

El número 16670: san Maximiliano María Kolbe

En la «fábrica de la muerte» de Auschwitz-Birkenau fueron asesinados al menos un millón de prisioneros: hombres, mujeres y niños. Casi todos eran judíos. Pero también polacos, romaníes, sintis, prisioneros de guerra soviéticos, otros enemigos de la Alemania de Hitler, muchos cristianos, sobre todo católicos y, en particular, sacerdotes y religiosos. Entre ellos recordamos a san Maximiliano María Kolbe. Nació el 7 de enero de 1894 en Polonia y en el bautismo eligieron para él el nombre de Raimundo. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Conventuales y adoptó el nombre de Maximiliano. Fue ordenado sacerdote el 28 de abril de 1918. A partir de ese momento desarrolló un intenso apostolado misionero en Europa y Asia. En 1941 fue deportado a Auschwitz, con el número 16670, y destinado a los trabajos más humillantes, como transportar cadáveres. Cuando un prisionero logró escapar, según la ley del campo, diez prisioneros fueron destinados al búnker de la muerte. El padre Kolbe ofreció su vida a cambio de la de un padre de familia, compañero suyo de cautiverio. El 14 de agosto, después de dos semanas de torturas, murió diciendo «Ave María». Con su martirio, dijo Juan Pablo II, «ha conseguido la victoria mediante el amor y la fe, en un lugar construido para la negación de la fe en Dios y en el hombre».


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