il giubileo dei migranti un abbraccio di fede e unita

Editrice Shalom

Tempo di lettura: 4 min
Autore: Editrice Shalom

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Durante el Jubileo de 2025, un momento resplandece con una luz particular: el Jubileo de los Migrantes, programado para el 4 y 5 de octubre de 2025.
Esto no es solo un evento en el apretado calendario del Año Santo, sino un vibrante llamado a la compasión y una solemne afirmación del compromiso de la Iglesia católica de acoger e integrar a los migrantes en la sociedad. Es el momento en que la Iglesia manifiesta su rostro de “madre”, que no puede ser extranjera en ningún lugar, pues pertenece por igual a todas las naciones y a todos los pueblos.

Una peregrinación hacia la unidad

El Jubileo de los Migrantes está dedicado a celebrar a las diversas comunidades de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo, involucrando profundamente también a sus familias, los voluntarios y todos los trabajadores que los apoyan incansablemente.
El evento está concebido como una plataforma de esperanza, un cruce de caminos para el diálogo, la oración y el intercambio cultural, con el objetivo de promover un intenso espíritu de unidad, compasión y comprensión.

Las jornadas estarán marcadas por momentos de profunda espiritualidad.
• El sábado 4 de octubre estará marcado por el conmovedor encuentro con el Pontífice en la plaza de San Pedro (a las 10:00) y por la peregrinación hacia la puerta santa de la basílica de San Pedro. Un camino simbólico que recuerda la condición de “pueblo en camino” de la propia Iglesia.
• Por la tarde, los participantes tendrán la posibilidad de recibir el sacramento de la Reconciliación en las iglesias jubilares, encontrando consuelo espiritual después de viajes y fatigas.
• El domingo 5 de octubre culminará con la celebración de la misa dominical en la basílica de San Pablo Extramuros (a las 10:30) y, por la tarde, con la Fiesta de los Pueblos (de 15:00 a 18:00), un derroche de culturas reunidas en la fe.

La solicitud materna por el “desorientado”

Para la Iglesia, el migrante es ese fiel que, al vivir fuera de su patria o comunidad étnica, se encuentra como “desorientado”. Esta condición particular puede repercutir en la fe y en la práctica religiosa, haciendo que las estructuras pastorales ordinarias, como la parroquia territorial, resulten insuficientes o imposibles de alcanzar.
La Iglesia no puede simplemente abandonar a su suerte a los fieles a los que no logra llegar con los métodos habituales. El principio general que guía esta pastoral específica es claro: a los emigrantes se les debe asegurar una asistencia espiritual que no sea diferente ni menor que la de la que gozan los demás fieles en las diócesis.
Desde esta perspectiva, nadie en la Iglesia puede ser considerado extranjero o simplemente huésped, ni de ningún modo marginado.

Solidaridad

El tesoro del espíritu: lengua y cultura

Una parte esencial de la pastoral para los migrantes es el profundo respeto por su patrimonio espiritual y cultural. La lengua materna, las formas de pensamiento y la cultura no deben negarse, sino celebrarse. La Iglesia no puede exigir la renuncia a ese patrimonio como precio por la expresión y la práctica de la propia fe.
El respeto por la lengua es crucial, ya que a través de ella nació, creció y tomó forma también la fe del migrante. Por este motivo, la Iglesia recomienda, cuando sea posible, que el sacerdote encargado de esta pastoral hable la misma lengua y, a ser posible, pertenezca al mismo grupo étnico que el migrante.
La historia da testimonio del poder de esta solicitud: allí donde los fieles han sido acompañados de este modo, su fe no solo se ha conservado, sino que se ha profundizado y fortalecido, contribuyendo a la formación de nuevas y florecientes comunidades católicas. Por el contrario, la falta de esta asistencia ha llevado a muchos fieles a abandonar la práctica religiosa o incluso a alejarse de la Iglesia católica.

El Jubileo de los Migrantes 2025 no es solo un evento, sino una invitación a reconocer y acoger el rostro peregrino de la Iglesia: cada uno de nosotros está llamado a ello y todos estamos llamados a reconocernos como hermanos.



Papa Francisco

ORACIÓN DE LOS MIGRANTES

Dios de misericordia, te rogamos por todos los hombres, mujeres y niños que han muerto después de dejar sus tierras en busca de una vida mejor. Aunque muchas de sus tumbas no tengan nombre, para ti cada uno es conocido, amado y predilecto. Que nunca sean olvidados por nosotros, sino que podamos honrar su sacrificio con obras más que con palabras.

Te encomendamos a todos aquellos que han emprendido este viaje, soportando miedo, incertidumbre y humillación, con el fin de alcanzar un lugar seguro y lleno de esperanza. Así como no abandonaste a tu Hijo cuando María y José lo llevaron a un lugar seguro, permanece ahora cerca de estos hijos e hijas tuyos a través de nuestra ternura y protección. 

Haz que, al cuidar de ellos, podamos promover un mundo donde nadie se vea obligado a abandonar su hogar y donde todos puedan vivir en libertad, dignidad y paz. Dios de misericordia y Padre de todos, despiértanos del sueño de la indiferencia, abre nuestros ojos a sus sufrimientos y líbranos de la insensibilidad, fruto del bienestar mundano y del ensimismamiento. Inspíranos a todos, naciones, comunidades e individuos, a reconocer que quienes llegan a nuestras costas son nuestros hermanos y hermanas.

Ayúdanos a compartir con ellos las bendiciones que hemos recibido de tus manos y a reconocer que juntos, como una única familia humana, todos somos migrantes, viajeros de esperanza hacia ti, que eres nuestro verdadero hogar, allí donde toda lágrima será enjugada, donde estaremos en paz, seguros en tu abrazo.

Papa Francisco



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