El milagro eucarístico
¡A qué se está dispuesto por amor! Y precisamente una historia de amor está en el origen del milagro eucarístico cuya reliquia todavía se conserva en la catedral de Alatri (hoy concatedral de la diócesis de Anagni-Alatri).
El hecho ocurrió en 1228, cuando una joven, apenas adolescente, afligida por un amor que ya no era correspondido, acudió a una maga para recuperar el amor de su amado. «Ve -le dijo la hechicera-, tráeme de tu iglesia una hostia consagrada y yo te daré un filtro portentoso que hará que tu muchacho vuelva a tu corazón».
La ingenua joven, con tal de recuperar el objeto de su deseo, fue a misa y, después de comulgar, logró llevarse a casa sin ser vista la hostia consagrada, envuelta en un pañuelo. Luego la escondió dentro de la artesa del pan.
Durante tres días se debatió qué hacer: ¿llevar la hostia a la maga o devolvérsela al sacerdote? Cuando decidió llevar la hostia consagrada a la hechicera, al abrir la artesa quedó estupefacta: en lugar de la hostia blanca encontró una hostia de «carne viva».
Asustada, corrió junto al sacerdote y confesó su terrible pecado. El sacerdote fue a recoger la hostia y se la llevó al obispo, quien escribió al papa Gregorio IX para comunicarle lo sucedido y pedirle consejo sobre qué hacer.
La reliquia de la partícula transformada en carne se conserva hoy en una urna-ostensorio, expuesta permanentemente en una capilla de la nave derecha de la basílica concatedral de San Pablo.
La hostia encarnada se conserva entre dos algodones y, con la forma de una bolita de color oscuro, está colocada en un tubito de vidrio de 4 cm de altura, que a su vez se encuentra cerrado dentro del ostensorio-relicario de metal dorado. En el pie figura la inscripción: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros».
En las paredes laterales de la iglesia, una serie de frescos representa la historia, tal como se ha transmitido.
La catedral
La catedral está erigida en el centro de la explanada de la acrópolis de Alatri, sobre los restos de un antiguo altar y de un templo dedicado a Saturno. Hay noticias de una antigua catedral anteriores al año 1000. Durante el pontificado del papa Inocencio II (1130-1143), las reliquias del papa mártir Sixto I fueron trasladadas a Alatri y, con motivo de ello, se renovó la antigua catedral; el altar mayor se terminó en 1156. En el siglo XIII se realizaron nuevas mejoras, cuando se añadieron el plúteo y el ambón con motivo de la visita del papa Honorio III a la ciudad: de estos elementos arquitectónicos aún se conservan valiosos restos en la iglesia.
A lo largo del siglo XVI se pintaron al fresco las paredes con episodios del traslado de las reliquias de san Sixto: estas pinturas han desaparecido actualmente debido a las obras de modernización realizadas en los siglos XVII y XVIII, que transformaron la iglesia en el modo que hoy podemos admirar. La fachada actual y el campanario fueron añadidos por Jacopo Subleyras entre 1790 y 1808, y en 1884 se añadieron el ático y el frontón. Finalmente, en 1932 se construyó la capilla de san Sixto para albergar las reliquias del santo con motivo del VIII centenario de su traslado a Alatri.
La fachada, de piedra y ladrillo, es obra de finales del siglo XVIII. El interior tiene planta de cruz latina con tres naves divididas por pilares y un transepto elevado. Además de las reliquias del papa Sixto, en el fondo de la nave derecha de la catedral también se conservan las reliquias del mártir romano Alejandro, procedentes de las catacumbas de San Calixto y trasladadas a Alatri en 1640.
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