il miracolo eucaristico di asti italia 1535 1718

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Autore: Editrice Shalom

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El Milagro Eucarístico de Asti (Italia, 1535-1718)

Milagro eucarístico de Asti

El beato Carlo Acutis había ideado y realizado una bellísima exposición itinerante sobre los Milagros Eucarísticos. Esta exposición continúa recorriendo Italia y el mundo; todos los milagros eucarísticos presentados en la exposición fueron reunidos en el libro Los milagros eucarísticos en el mundo, del que se ha extraído este texto.

Interior de la colegiata de San Segundo.

En ambos milagros eucarísticos de Asti, de la hostia consagrada brotó sangre viva. Numerosos documentos confirman ambos prodigios.
En el primer milagro, el obispo de Asti, monseñor Scipione Roero, mandó redactar inmediatamente un acta notarial, y el papa Pablo III, mediante un breve apostólico fechado el 6 de noviembre de 1535, concedió la indulgencia plenaria a todo aquel que visitara la iglesia de San Segundo el día del aniversario del prodigio.


1535 

El 25 de julio de 1535, mientras el piadoso sacerdote Domenico Occelli celebraba la santa misa hacia las 7:00 en el altar mayor de la colegiata de San Segundo, al llegar a la fracción de la hostia, la vio enrojecerse con sangre viva a lo largo de toda la grieta. Tres gotas cayeron en el cáliz y una cuarta quedó en el extremo de la hostia. Al principio, don Domenico continuó la celebración de la misa. Cuando separó la parte de la hostia que debía poner en el cáliz, vio salir de ella más sangre. Estupefacto, se dirigió a los presentes y los invitó a acercarse al altar para contemplar el prodigio. Cuando el sacerdote tomó la hostia para consumirla, esta, tras desaparecer la sangre, recuperó inmediatamente su blancura natural. Así se desarrollaron los hechos según la traducción del informe oficial, enviado por el obispo de Asti, monseñor Scipione Roero, a la Santa Sede y reproducido en el breve apostólico de fecha 6 de noviembre de 1535, por el que el papa Pablo III concedió la indulgencia plenaria a cuantos «el día conmemorativo del milagro visiten la iglesia del Santo y recen tres Padrenuestros y Avemarías según la intención del Pontífice».

Óleo sobre lienzo (autor desconocido, siglo XVII) que representa el prodigio eucarístico ocurrido en la colegiata de San Segundo en 1535. La pintura se conserva en la capilla del Milagro.
G. Badarello, altar del Crucifijo o del Milagro, siglo XVII, colegiata de San Segundo.


Según otro documento, reproducido en una inscripción marmórea, en aquella ocasión, al contemplar el milagro, algunos soldados herejes se convirtieron. En aquel tiempo, Asti se encontraba bajo la dominación del emperador Carlos V y muchas de sus tropas residían en la ciudad. Esta narración, además de encontrarse en los archivos vaticanos, de donde se extrajo una copia en 1884 a petición del canónigo Longo, también aparece recogida en el libro de la Compañía del Santísimo Sacramento, instituida ya en 1519 en la colegiata de San Segundo. Otros testimonios del prodigio son el cuadro presente en la capilla del Crucifijo, que representa el milagro y data del siglo XVI, y la inscripción marmórea en la que está escrito: «Hic ubi Christus Ex sacro pane Effuso sanguino Exteram vi traxit fìdem Astensem roboravit – Aquí Cristo, tras derramar sangre del pan sagrado, atrajo por la fuerza a los extraños a la fe y confirmó la de los habitantes de Asti».

1718 

La mañana del 10 de mayo de 1718, el sacerdote Francesco Scotto acudió a la Opera Milliavacca para celebrar la santa misa. Eran aproximadamente las 8:00. La iglesia del instituto estaba dividida en dos partes: la anterior, a la que podían asistir personas ajenas, y la posterior, detrás del altar, reservada para las internas. En la parte anterior, es decir, delante del altar, solo se encontraba el notario Scipione Alessandro Ambrogio, canciller episcopal y tesorero del instituto. En la parte posterior de la iglesia se encontraban, en cambio, las internas. Cuando el sacerdote llegó a la elevación de la hostia, el doctor Ambrogio se dio cuenta de que la hostia estaba partida en dos. Apenas el sacerdote elevó el cáliz, el hombre, convencido de que una hostia partida no era materia válida, se acercó al altar para avisar al sacerdote y corrió inmediatamente a buscar otra hostia en la sacristía. Mientras tanto, el celebrante levantó la hostia con los dedos y comprobó que estaba realmente dividida por la mitad; con infinito asombro, vio que el perfil longitudinal de ambas partes estaba completamente teñido de sangre, y que también estaban manchados de sangre el pie del cáliz y la copa, además de algunos pequeños salpicones sanguinolentos sobre el corporal. Ambrogio entretanto había llegado con la nueva hostia y se dio cuenta de que la otra sangraba. Inmediatamente se puso a llorar. El notario corrió enseguida a llamar al canónigo Argenta, confesor del instituto, al teólogo Vaglio y al penitenciario Ferrero, quienes también fueron testigos directos del prodigio.

El cáliz del prodigio se conserva en el interior de la catedral de Asti, en la capilla dedicada a san Felipe Neri.
Cáliz del milagro de 1718, Opera Pia Milliavacca. Obsérvese la correspondencia de las gotas de sangre en la copa y en el pie del cáliz.


Al mismo tiempo, también llegaron los demás sacerdotes y tres médicos de la ciudad, los doctores Argenta, Volpini y Vercellone, quienes atestiguaron bajo juramento que aquellas manchas rojas eran sangre verdadera. Entre los presentes, uno dudó de que la sangre pudiera proceder de la nariz o de la boca del sacerdote, pero algunos cirujanos presentes, tras un minucioso examen, descartaron toda duda al respecto. Después intervinieron el provicario, acompañado por el secretario de la curia, y el vicario de la Inquisición, R. Bordino; de común acuerdo, redactaron un informe oficial del milagro. Otra prueba importante de la autenticidad del milagro nos la proporciona un documento que relata cómo monseñor Filippo Artico, obispo de Asti, en 1841 hizo examinar el cáliz y la hostia del milagro por algunos peritos en ciencias físicas, quienes confirmaron el origen hemático de las manchas rojas. La Opera Pia Milliavacca ha conservado celosamente los testimonios del prodigio: el cáliz con manchas de sangre, la hostia de la celebración, lamentablemente corrompida y reducida a una fina película, la patena, el corporal y la copa de plata dorada.


EXTRAÍDO DE


El Milagro Eucarístico de Asti (Italia, 1535-1718)

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