il miracolo eucaristico di augsburg germania 1194

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Autore: Editrice Shalom

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El milagro eucarístico de Augsburgo (Alemania, 1194)

Milagro eucarístico de Augsburgo

El beato Carlo Acutis había ideado y realizado una bellísima exposición itinerante sobre los Milagros Eucarísticos. Esta exposición sigue recorriendo Italia y el mundo; todos los milagros eucarísticos presentes en la exposición se reunieron en el libro Los milagros eucarísticos en el mundo, del que se ha extraído este texto.


El milagro eucarístico de Augusburgo, conocido por los habitantes del lugar con el nombre de “Wunderbarlichen Gutes” (“Bien Milagroso”), está descrito en numerosos libros y documentos históricos consultables en la biblioteca estatal y cívica de Augsburgo.
Una hostia robada se transformó en carne sanguinolenta. A lo largo de los siglos se han realizado diversos análisis de la partícula, que siempre han confirmado que se trata de carne y sangre humanas.
Hoy, el convento de Heilig Kreuz, que custodia la hostia, está regido por los padres dominicos.


En 1194, una señora de Augsburgo particularmente devota del Santísimo Sacramento, después de comulgar, sin que nadie se diera cuenta, puso la hostia en un pañuelo, la llevó a casa y la guardó envuelta en cera dentro de un armario. En aquella época era muy difícil encontrar sagrarios en las iglesias para poder practicar la adoración eucarística. Solo en 1264, con la introducción de la fiesta del Corpus Christi, se difundió esta devoción. Pasaron cinco años y, el 11 de mayo de 1199, la mujer, atormentada por los remordimientos, se confesó con el superior del convento de Heilig Kreuz, el padre Berthold, a quien entregó la hostia. El sacerdote abrió la envoltura de cera que cubría la partícula y vio que esta se había transformado en carne sanguinolenta. La hostia se presentaba «dividida en dos partes unidas entre sí mediante finos filamentos de carne sanguinolenta». El padre Berthold acudió inmediatamente al obispo de la ciudad, Udalskalk, quien ordenó que la hostia prodigiosa fuera «trasladada, acompañada por el clero y el pueblo, a la catedral y expuesta en una custodia de cristal para la adoración pública».

Relicario que contiene la hostia del prodigio conocida con el nombre de «Wunderbarlichen Gutes».

El milagro continuó: la hostia comenzó a crecer y a hincharse, y este fenómeno duró desde el día de Pascua hasta la fiesta de san Juan Bautista, ante los ojos de todos. Posteriormente, el obispo Udalskalk hizo trasladar la hostia al convento de Heilig Kreuz y estableció que, «en recuerdo de un hecho tan memorable y extraordinario», cada año se celebrara una festividad especial en honor de la santa reliquia. En 1200, el conde de Rechber donó a los padres agustinos un relicario rectangular de plata, provisto de una abertura frontal, en el que se colocó la hostia del milagro. Además del prodigio eucarístico, ocurrieron otros episodios extraordinarios, como la aparición sobre la hostia de Jesús niño vestido de blanco, con el rostro radiante y la frente ceñida por una corona de oro; el sangrado del crucifijo de la iglesia; o la aparición de Jesús bendiciendo a la asamblea.


EXTRAÍDO DE


El milagro eucarístico de Augsburgo (Alemania, 1194)

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