El beato Carlo Acutis había ideado y realizado una magnífica exposición itinerante sobre los Milagros Eucarísticos. Esta exposición sigue recorriendo Italia y el mundo; todos los milagros eucarísticos presentes en la exposición fueron reunidos en el libro Los milagros eucarísticos en el mundo, del que se ha extraído este texto.

En 1330, en Cascia (PG), un campesino gravemente enfermo mandó llamar al sacerdote para recibir la Comunión. El sacerdote, en parte por descuido y en parte por apatía, en lugar de llevar consigo el copón para guardar la hostia que debía llevar a casa del enfermo, tomó de él una hostia que introdujo irreverentemente en el libro de oraciones. Una vez que llegó junto al campesino, el sacerdote abrió el libro y, horrorizado, vio que la hostia se había transformado en un coágulo de sangre que también había manchado las páginas del libro.
En Cascia, en la basílica dedicada a Santa Rita, también se conserva la reliquia de un insigne milagro eucarístico, ocurrido cerca de Siena en 1330. A un sacerdote le pidieron que llevara la Comunión a un campesino enfermo. El sacerdote tomó una hostia consagrada, la depositó irreverentemente entre las páginas de su breviario y se dirigió a casa del campesino. Al llegar a la casa del enfermo, después de confesarlo, abrió el libro para tomar la hostia que había guardado allí, pero, para su gran sorpresa, constató que la hostia se había teñido de sangre viva, hasta impregnar ambas páginas entre las que había sido colocada. El sacerdote, confundido y arrepentido, acudió inmediatamente a Siena, al convento agustino, para pedir consejo al padre Simone Fidati de Cascia, conocido por todos como un santo varón. Este, tras escuchar el relato, concedió el perdón al sacerdote y le pidió que le entregara aquellas dos páginas manchadas de sangre. Numerosos sumos pontífices han promovido su culto concediendo indulgencias.



En el acta de reconocimiento de la reliquia del milagro eucarístico de Cascia, realizada en 1687, también se recoge el texto de un antiquísimo códice del convento de San Agustín, en el que se describen numerosas noticias relacionadas con el prodigio. Además de en este códice, el episodio también se menciona en los Estatutos Municipales de Cascia de 1387, donde, entre otras cosas, se ordenaba que «cada año, en la festividad del Corpus Christi, el Podestà, los Cónsules y todo el pueblo de Cascia estuvieran obligados a reunirse en la iglesia de San Agustín y a seguir al clero, que debía llevar procesionalmente por la ciudad aquella venerable reliquia del sacratísimo cuerpo de Cristo». En 1930, con motivo del sexto centenario del acontecimiento, se celebró en Cascia un Congreso eucarístico para toda la diócesis de Norcia; entonces se inauguró una valiosa y artística custodia, y se publicó toda la documentación histórica disponible al respecto.
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