El beato Carlo Acutis había ideado y realizado una bellísima exposición itinerante sobre los Milagros Eucarísticos. Esta exposición continúa recorriendo Italia y el mundo; todos los milagros eucarísticos presentes en la exposición fueron reunidos en el libro Los milagros eucarísticos en el mundo, del que se ha extraído este texto.

Este milagro eucarístico ocurrió el 5 de mayo de 2001 en Trivandrum.
En la hostia apareció el rostro de un hombre semejante al de Cristo coronado de espinas.
Su Beatitud Cyril Mar Baselice, arzobispo de la diócesis de Trivandrum, escribió acerca de este prodigio: «Para nosotros, los creyentes, lo que hemos visto es algo que siempre hemos creído […].
«Si nuestro Señor nos está hablando al darnos esta señal, ciertamente esto requiere una respuesta por nuestra parte».
La custodia que contiene la hostia milagrosa todavía se conserva en la iglesia.
El padre Johnson Karoor, párroco de la iglesia donde ocurrió el milagro eucarístico, relata en su declaración: «El 28 de abril de 2001, en la iglesia parroquial de Saint Mary de Chirattakonam, comenzamos, como cada año, la novena a san Judas Tadeo. A las 8:49 de la mañana expuse el Santísimo Sacramento en la custodia y di comienzo a la adoración pública. Después de pocos minutos vi aparecer como tres puntos en la santa Eucaristía.

Entonces dejé de rezar y comencé a mirar la custodia, invitando también a los fieles a contemplar los tres puntos. Después pedí a los fieles que permanecieran en oración y guardé la custodia dentro del sagrario. El 30 de abril celebré la santa misa y al día siguiente partí hacia Trivandrum. El sábado por la mañana, el 5 de mayo de 2001, abrí la iglesia para las celebraciones habituales, me preparé, fui a abrir el sagrario para ver qué había sucedido con la Eucaristía de la custodia y enseguida noté en ella una figura semejante a un rostro humano.
Estaba sumamente emocionado y pedí a los fieles que se inclinaran y comenzaran a rezar; pensaba que solo yo veía el rostro, y le pregunté al monaguillo qué veía en la custodia.
Él respondió: «Veo una figura humana». Noté que también el resto de los fieles miraba fijamente la custodia.
Comenzamos la adoración y la figura humana, a medida que transcurrían los minutos, se volvía cada vez más nítida. No tuve el valor de decir nada y comencé a llorar.

Durante la adoración teníamos la costumbre de leer un pasaje de la Sagrada Escritura. El pasaje que me tocó aquel día era el del capítulo 20 del Evangelio de Juan, que narra el episodio en el que Jesús resucitado se aparece a santo Tomás y le pide que mire sus heridas. Solo logré decir unas pocas palabras en mi homilía y, como debía ir a celebrar la misa en la parroquia cercana de Kokkodu, hice venir enseguida a un fotógrafo para que tomara fotografías de la santa Eucaristía con un rostro humano en su interior. Después de dos horas, todas las fotos habían sido reveladas; en cada una, el rostro aparecía cada vez más nítido».
EXTRAÍDO DE



