El beato Carlo Acutis había ideado y realizado una bellísima exposición itinerante sobre los Milagros Eucarísticos. Esta exposición sigue recorriendo Italia y el mundo; todos los milagros eucarísticos presentes en la exposición fueron reunidos en el libro Los milagros eucarísticos en el mundo, del cual se ha extraído este texto.

El milagro eucarístico de Daroca ocurrió poco antes de una de las numerosas batallas que los españoles libraron contra los moros. Los comandantes cristianos pidieron al sacerdote del campamento que celebrara una misa, pero pocos minutos después de la consagración, un ataque repentino del enemigo obligó al sacerdote a suspender la misa y a esconder las hostias consagradas envueltas en los lienzos de la celebración. Los españoles salieron victoriosos de la batalla y los comandantes pidieron al sacerdote que les diera la comunión con las hostias consagradas anteriormente. Sin embargo, estas fueron encontradas completamente cubiertas de sangre. Incluso hoy es posible venerar los lienzos manchados de sangre.
En 1239, las ciudades cristianas de Daroca, Teruel y Calatayud (en Aragón) se aliaron para reconquistar a los moros el castillo de Chio Luchente. El capellán don Mateo Martínez, de Daroca, celebró la santa Misa antes de la batalla y, durante ella, consagró seis hostias destinadas a la Comunión de los seis capitanes que dirigían las tropas: don Jiménez Pérez, don Fernando Sánchez, don Pedro, don Raimundo, don Guillermo y don Simone Carroz. Un ataque repentino del enemigo obligó al capellán a suspender inmediatamente la Misa y a envolver las seis partículas consagradas en el corporal, que escondió debajo de una piedra. Las tropas enemigas fueron rechazadas y los comandantes pidieron al sacerdote poder recibir la Comunión en señal de agradecimiento por la victoria obtenida. Don Mateo se dirigió así al lugar donde había escondido el corporal y encontró allí las hostias empapadas de sangre. Los comandantes, interpretando este acontecimiento como una gran señal de predilección por parte de Dios y de buen augurio, comulgaron y ataron el corporal manchado de sangre a una lanza para convertirlo en un estandarte. Se dirigieron así a la batalla contra los moros con este estandarte y reconquistaron el castillo de Chio, obteniendo de ese modo una victoria extraordinaria.



Altar mayor de la iglesia de Daroca.
El mérito de este triunfo fue atribuido al milagro eucarístico. Los seis comandantes procedían de regiones diferentes de España y cada uno de ellos comenzó a sostener que el corporal debía ir a su propia ciudad. Comenzó una acalorada discusión. En tres ocasiones se eligió la ciudad de Daroca como lugar de custodia del milagro. Se llegó a una conclusión de compromiso: se colocaría el corporal sobre el lomo de una mula que vagaría libremente; la ciudad donde la mula se detuviera sería la elegida por voluntad divina para custodiar el santo corporal. La mula vagó durante doce días, recorriendo unas 200 millas, hasta que, exhausta, se desplomó frente a la iglesia de San Marcos, en Daroca. Más tarde se construyó una iglesia dedicada a Santa María, donde se colocó un precioso relicario que contiene el corporal manchado de sangre, que aún hoy se puede venerar.
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