El beato Carlo Acutis había ideado y realizado una bellísima exposición itinerante sobre los Milagros Eucarísticos. Esta exposición sigue recorriendo Italia y el mundo; todos los milagros eucarísticos presentes en la exposición fueron reunidos en el libro Los milagros eucarísticos en el mundo, del cual se ha extraído este texto.

Este milagro eucarístico ocurrió en Ferrara, en la basílica de Santa Maria in Vado, el día de Pascua (28 de marzo de 1171). El padre Pietro da Verona, prior de la basílica, estaba celebrando la misa de la Resurrección y, al llegar al momento de partir el pan consagrado, mientras partía la hostia, vio brotar de ella un chorro de sangre que, con sus gotitas, manchó la pequeña bóveda situada sobre el altar de la celebración. La pequeña bóveda manchada de sangre fue posteriormente encerrada en un templete construido en 1594, que todavía hoy puede contemplarse en la monumental basílica de Santa Maria in Vado.
El 28 de marzo de 1171, el prior de los Canónigos Regulares Portuenses, el padre Pietro da Verona, estaba celebrando la misa pascual, asistido por tres hermanos (Bono, Leonardo y Aimone). En el momento de partir la hostia consagrada, de ella brotó un chorro de sangre que cayó en grandes gotas sobre la pequeña bóveda situada encima del altar. Las crónicas hablan del «sagrado terror del celebrante y del inmenso asombro del pueblo que abarrotaba la pequeña iglesia».

Muchos fueron los testigos que afirmaron haber visto la hostia asumir un color sanguinolento y haber distinguido en ella la figura de un niño.
El obispo Amato de Ferrara y el arzobispo Gherardo de Rávena fueron informados inmediatamente de lo sucedido; ambos constataron con sus propios ojos la sangre persistente del milagro, es decir, «la sangre que, vivísima, enrojecía la pequeña bóveda del altar». La iglesia se convirtió inmediatamente en destino de peregrinación y posteriormente fue remodelada y ampliada por orden del duque Ercole I d'Este, a partir de 1495.
Son numerosos los testimonios que relatan el milagro; entre ellos, el más importante es la bula del papa Eugenio IV (30 de marzo de 1442), en la que el Pontífice menciona el prodigio haciendo referencia a los testimonios de los fieles y a las antiguas fuentes históricas. El manuscrito de Gerardo Cambrense es el documento más antiguo (1197) que menciona el prodigio y se conserva en la Biblioteca Lambertiana de Canterbury.


Fue encontrado por el historiador Antonio Samaritani, quien publicó su estudio en 1985, en una obra titulada Gemma Ecclesiastica. Otro documento, fechado el 6 de marzo de 1404, es la bula del cardenal Migliorati, en la que se conceden indulgencias a «quien visite la iglesia y rinda homenaje a la sangre prodigiosa». Aún hoy, el día 28 de cada mes, en la basílica, actualmente atendida por los Misioneros de la Preciosísima Sangre de san Gaspar del Búfalo, se practica la adoración eucarística en memoria del milagro y cada año, como preparación para la fiesta del Corpus Christi, se celebran las solemnes Cuarenta Horas. En 1971 se celebró el octavo centenario del milagro.
EXTRAÍDO DE



