El beato Carlo Acutis había ideado y realizado una bellísima exposición itinerante sobre los Milagros Eucarísticos. Esta exposición sigue recorriendo Italia y el mundo; todos los milagros eucarísticos presentes en la exposición fueron reunidos en el libro Los milagros eucarísticos en el mundo, del que se ha extraído este texto.

En la catedral de San Quintín de Hasselt se expone la reliquia del milagro eucarístico ocurrido en Herkenrode en 1317.
A lo largo de los siglos se han realizado numerosas verificaciones para constatar la conservación milagrosa de la hostia consagrada de la que brotó sangre.
Recordamos la realizada en el siglo XVIII por el nuncio apostólico Carafa y el obispo de Lieja, o la llevada a cabo por el arzobispo de Malinas durante una visita de la archiduquesa Isabel.
El 25 de julio de 1317, el párroco de la iglesia de Viversel fue llamado al lecho de un feligrés gravemente enfermo para administrarle los Santos Sacramentos. Al llegar a la casa del enfermo, dejó sobre una mesa de la entrada la bolsa que contenía la píxide con la hostia consagrada y fue a confesar al enfermo. Uno de los familiares, intrigado por la bolsa, la abrió sin que nadie se diera cuenta. Sacó de ella la píxide, levantó su tapa e introdujo la mano en su interior.

En cuanto se dio cuenta de que dentro había una hostia, volvió a ponerlo todo en orden de inmediato. Mientras tanto, el sacerdote había salido de la habitación del enfermo para recoger la hostia con la que iba a darle la comunión. Tomó la bolsa que contenía el copón y, al abrirla, vio que la hostia que él mismo había consagrado durante la misa se había manchado de sangre y estaba como pegada al lino que cubría el fondo del recipiente. Turbado y presa del pánico, con el pretexto de un olvido, salió corriendo de la casa y se dirigió al párroco de la cercana Lumen para contarle lo sucedido. Este le aconsejó llevar la partícula a la abadía de Herkenrode. Era el 1 de agosto de 1317.
El sacerdote partió llevando consigo el copón y, a lo largo del camino, ocurrieron hechos extraordinarios. En cuanto llegó al monasterio benedictino, mostró a todos los religiosos la partícula manchada de sangre. Luego apareció en la hostia el rostro de Cristo coronado de espinas, y fueron numerosos los testimonios al respecto. En la catedral de Hasselt hay un cuadro en el que aparece representado un rebaño arrodillado al paso del sacerdote que lleva la sagrada reliquia (en este lugar, denominado Sacramentsberg, se construyó una pequeña capilla como memoria perpetua).


Posteriormente, “el Santo Sacramento del milagro”, que había sido colocado en un relicario y expuesto a la veneración de los fieles, obró varias curaciones y, en repetidas ocasiones, protegió del fuego al monasterio de Herkenrode. La reliquia del milagro se conservó en la abadía hasta 1796; después fue custodiada por varias familias, hasta que, en 1804, fue trasladada a la iglesia de San Quintín de Hasselt.
EXTRAÍDO DE



