El beato Carlo Acutis había ideado y realizado una bellísima exposición itinerante sobre los milagros eucarísticos. Esta exposición continúa recorriendo Italia y el mundo; todos los milagros eucarísticos presentes en la exposición se reunieron en el libro Los milagros eucarísticos en el mundo, del que se ha extraído este texto.

El milagro eucarístico de Santarém, junto con el de Lanciano, está considerado uno de los más importantes.
Se han realizado análisis canónicos y numerosos estudios sobre las reliquias. La hostia se transformó en carne sangrante y de ella brotó sangre.
Ambas reliquias aún se conservan en Santarém, en la iglesia de Santo Stefano.
La casa de los esposos se convirtió en una capilla a partir de 1684.
Varios pontífices concedieron indulgencias plenarias por este milagro eucarístico: Pío IV, san Pío V, Pío VI y el papa Gregorio XIV. Aún hoy, en la iglesia de Santo Stefano de Santarém, es posible admirar estas valiosas reliquias. Según la fecha registrada en la copia del documento encargado por el rey Alfonso IV en 1346, el 16 de febrero de 1266, en Santarém, una joven, cegada por los celos hacia su marido, acudió a una hechicera, quien le sugirió ir a la iglesia y robar una hostia consagrada para preparar un filtro de amor. La mujer robó la hostia y la escondió en un paño de lino, que enseguida se manchó de sangre. Aterrorizada, corrió a casa, donde abrió el pañuelo para ver qué había sucedido. Con gran asombro, vio que la sangre brotaba precisamente de la hostia. Confundida, la mujer guardó la partícula en un cajón de su dormitorio, pero durante la noche comenzaron a salir de él haces de luz que iluminaron la habitación como si fuera de día. Su marido también se percató del extraño fenómeno y comenzó a interrogarla, por lo que ella se vio obligada a contárselo todo.



Al día siguiente, los dos esposos informaron al párroco, quien se dirigió a su casa para recoger la hostia y llevarla de vuelta a la iglesia de Santo Stefano en solemne procesión, acompañado por numerosos religiosos y laicos. La hostia sangró durante tres días consecutivos. Posteriormente fue colocada en un magnífico relicario de cera de abeja. En 1340 ocurrió otro milagro. El sacerdote abrió el sagrario y encontró el recipiente de cera roto en muchos pedazos; en su lugar había un recipiente de cristal que contenía la sangre de la hostia mezclada con la cera. Hoy, la sagrada partícula se conserva en un trono eucarístico del siglo XVIII, sobre el altar mayor. La iglesia de Santo Stefano es conocida como el santuario del Santo Milagro. La hostia ha derramado sangre en diversas ocasiones a lo largo de los siglos, y en ella se han visto aparecer varias imágenes de nuestro Señor Jesucristo. Entre los testigos del prodigio también se encuentra san Francisco Javier, el apóstol de las Indias, quien visitó el santuario antes de partir en misión. Desde que ocurrió el milagro, cada año, el segundo domingo de abril, la preciosa reliquia es llevada en procesión desde la casa de los esposos hasta la iglesia de Santo Stefano.
EXTRAÍDO DE



